«La paz entre palestinos e israelíes es irreal y en la calle nada ha cambiado»

INTERNACIONAL

El boicot económico es, a juicio de Leila Khaled, el arma que tendría que utilizar España para hacer fuerza ante Israel e incitarla a liberar los territorios ocupados

30 mar 2008 . Actualizado a las 03:00 h.

Sus grandes ojos negros no esquivan la mirada. Son seguros. El pelo, corto. Su belleza árabe, serena y madura, acentuada por el lunar que reposa junto a sus labios. Esa imagen es la de una leyenda engrandecida a la sombra del secuestro de un avión de TWA en el que participó hace 40 años, y su rechazo a la violencia para seguir la lucha política. Es su leyenda, la de Leila Khaled, la activista más famosa del Frente Popular de Liberación Palestina, un movimiento laico de izquierdas que es la tercera fuerza dentro del Consejo Nacional Palestino (Parlamento). Estos días -hoy se celebra el día de la Tierra- desde su cargo de parlamentaria hace campaña en Galicia para reivindicar la liberación de los territorios ocupados por Israel y el regreso de los refugiados a su tierra.

-En Occidente estamos acostumbrados a escuchar nombres de grupos como Al Fatah, Hamás... ¿Dónde está en el conflicto palestino-israelí la voz de la izquierda?

-Durante las década de los setenta y ochenta las fuerzas laicas de izquierda estaban en un primer plano dentro de lucha pro Palestina. Luego, con la caída de la URSS, el fracaso de la izquierda se asoció al fracaso de los movimientos laicos. La religión empezó a tomar fuerza y ahora la lucha está muy influenciada por el factor religioso. Es importante que la izquierda se una para responder a la ocupación y empezar a ser un referente.

-Habla de la unión del Frente Popular, el Frente Democrático, el Partido del Pueblo, el Partido de Participación Ciudadana, el Fida...

-Esas son las fuerzas más importantes que a veces se compenetran. Lo que se trata de constituir ahora es una corriente de izquierdas democráticas. Esta se convertiría en la tercera fuerza dentro del Parlamento palestino con una representación mayor a la que tiene, por ejemplo, el BNG en la Cámara gallega.

-Eso les permitiría tener más peso e influir en la estrategia que se está llevando a cabo en el proceso de paz. Para muchos, Al Fatah es especialmente blando en sus negociaciones con Israel.

-Lo que se ha visto hasta ahora durante la negociación es que cada vez que Palestina cede para lograr algún acuerdo que conduzca a la paz, Israel vuelve a pedir. Bajas la mano y entonces lo que trata de hacer el contrario es rompértela.

-¿Qué hay que hacer entonces para que el diálogo funcione de una vez?

-Equilibrar la balanza. Generar un mínimo equilibrio. Que lo que se logra en la mesa de diálogo, se refleje también en la realidad. En las últimas conversaciones con el Gobierno de Israel, mientras los políticos hablaban en los despachos, los soldados de Israel no paraban de derrumbar casas, continuaban expropiando terreno. La paz entre palestinos e israelíes que se ha tratado hasta ahora en los despachos es irreal porque en la calle nada ha cambiado. La gente continúa viviendo en estado de alerta permanente.

-Ante todo esto, ¿qué postura adopta España y, particularmente, cuál es la actuación del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos?

-Moratinos ya era un amigo antes y continúa siéndolo. Ahora, al estar en el Gobierno, en principio, tiene más fuerza para apoyar la causa palestina y la paz.

-Pero qué tendría que hacer España para hacer fuerza, para que la paz sea real en la calle.

-Realmente no solo tendría que hacerlo España, también el resto de Gobiernos que componen la comunidad internacional. Lo que tendrían que hacer es utilizar la economía como medio para hacer fuerza y boicotear los productos israelíes. El golpe económico es el que tendrían que utilizar.

-También es cierto que hay grupos de israelíes que no están de acuerdo con la actuación de su Gobierno. ¿Cómo es su relación con ellos?

-Es normal que dentro del propio estado colonial, encuentres gente que está en tu propia trinchera, luchando por la paz. Lo importante es que esas fuerzas minoritarias ayuden a cambiar al resto. Tenemos unas buenas relaciones con ellos. Esos grupos israelíes están incluso desde hace tres años en Belén, ciudad muy cercana a Jerusalén, participando en las manifestaciones que organizan periódicamente frente al muro los grupos palestinos.