¿Política experimentada o mujer consorte del presidente? Durante meses este dilema ha planeado sobre el currículo de Hillary Clinton. Empeñada en proclamar sus virtudes como estratega internacional, la desclasificación esta semana de su agenda como primera dama pretendía acallar las acusaciones de aquellos que ponen en duda su papel durante la Administración de su marido. En total, 11.000 páginas de reuniones y visitas al extranjero (visitó más de 80 países durante su estancia en la Casa Blanca), que han dejado indiferentes a los medios nacionales.
«Los documentos no ofrecen ninguna prueba de su renombrada participación en los acuerdos de paz de Irlanda o de su supuesta aportación a los refugiados de los Balcanes», aseguraba The Wall Street Journal no sin antes añadir que «lo que sí demuestra su agenda es su activa implicación en el Tratado de Libre Comercio Nafta», un acuerdo al que la senadora se opone ahora abiertamente.
Capítulos morbosos
Lejos, por tanto, de obtener el efecto deseado, la revelación de la agenda secreta, cuya publicación fue exigida por el grupo conservador Judicial Watch, ha servido para revivir algunos de los capítulos más morbosos de la historia del matrimonio.
Los documentos demuestran que Hillary Clinton estaba en la Casa Blanca en al menos una de las ocasiones en que su marido y Monica Lewinsky mantuvieron relaciones sexuales, o que ya trabajaba en su propia carrera el día que el Senado votaba un moción de censura contra Clinton.
Más controversia aún ha causado la no desclasificación de momentos clave en su carrera, como cuando en 1996 se reunió con sus abogados para tratar el escándalo Whitewater (una trama inmobiliaria que salpicó al matrimonio), o la supresión de los cuatro días que siguieron a los atentados en las embajadas de Kenia y Tanzania, realizados la misma semana que Clinton compareció en el Congreso por su relación con la becaria.
Una polémica censura que no parece afectar, sin embargo, a la popularidad de la senadora quien, según la última encuesta, aventaja por primera vez a Obama por casi 6 puntos. Concretamente, y según se desprende de un sondeo hecho público ayer por la prestigiosa Gallup, al menos un 49% de los demócratas prefieren en estos momentos a Hillary Clinton como presidenta, frente al 46% que apoya al senador de Illinois.