El autor del atentado, Alá Hicham Abu Dheim, tenía 25 años e iba a casarse el próximo verano. «Estamos orgullosos de él», expresó una prima del joven durante un velatorio sin cadáver en su casa, antes de que los buldóceres israelíes la derrumben como es habitual.
Maestra de escuela, sin nombre -«no puedo darlo, comprendan que ahora peligra mi trabajo y mi vida»-, la mujer relató pesarosa a la prensa que nadie en el entorno del joven conocía sus intenciones. Era «un tipo normal, sin vínculos con ningún grupo», conductor de autobuses escolares en su barrio natal de Jabal Mukbar, suburbio del Jerusalén ocupado, cuya rutina era «ir a trabajar y dormir». Dos de los tres hermanos de Abu Dheim siguen detenidos, al igual que su novia. Sus seis hermanas fueron interrogadas por soldados judíos, y su padre ha sido liberado después de pasar por el calabozo. A pesar de todo, la familia se honra de la hazaña de su «mártir» inesperado.