Víctimas inocentes de las tragedias que causaron

Ángela Rodicio

INTERNACIONAL

En todas las guerras de Irak, desde la década del enfrentamiento con Irán (1980-1988), hasta la invasión norteamericana del 2003, el mercado de pájaros, peces, reptiles y mascotas en general, se ha mantenido fiel a su cita de cada viernes con los bagdadíes.

Al lado de la mezquita de Al Ghazil, levantada por los abasíes en el siglo XII, en pleno centro de Bagdad, a pocos minutos de la orilla oriental del Tigris, siempre se han podido encontrar decenas de familias diversas de loros, papagayos, canarios, ruiseñores, serpientes, perros, gatos...

Lo más popular son los loros. Como pocos se aventuran a salir, enseñar a hablar a un loro se ha convertido en el pasatiempo estrella de los conciudadanos del califa Al Rashid y las mil y una noches que donó a la literatura universal. Es la nota lírica a las masacres, al terror, al miedo, a la desesperación general.

Un concurrido mercado

He llamado a Salman, mi asistente de casi dos décadas en Irak. Está contento porque ha pasado de ganar dos dólares de sueldo al mes, en los tiempos de Sadam, o José Mambo, como le llamábamos en clave para no levantar sospechas, a 800. Sigue trabajando en el Ministerio de Cultura y muchos viernes se va al mercado, con su hijo adolescente. Por eso, muchas de las víctimas de la bomba que ayer portaba una mujer con síndrome de Down son jóvenes.

La mujer -una segunda, también disminuida psíquica, se inmoló 20 minutos después, en otro zoco de mascotas- llevaba la bomba en una caja de pájaros. Solía vender crema en un puesto. Era conocida como la loca. Según las autoridades, los ingenios habrían sido accionados por control remoto. Ambas serían víctimas inocentes de las tragedias que provocaron.

Según Salman, que llegó a ser general en el antiguo Ejército iraquí y ahora ha fundado una compañía de transporte con varios colegas, las mujeres han sido utilizadas por comandos extranjeros, fundamentalmente de Arabia Saudí, Siria o Egipto, financiados por Al Qaida, para desestabilizar.

Los atentados han infringido un duro golpe psicológico a los habitantes de Bagdad, que habían recuperado una cierta rutina. De hecho, el mes de enero ha registrado el número más bajo de víctimas desde febrero del 2006: un total de 541.

Las previsiones de seguridad de Bush han vuelto a morir en el mercado de Al Ghazil, con el silencio de los cantos de los pájaros, los únicos que consiguen hacer olvidar la guerra a los bagdadíes.