Cuando la semana pasada hizo público su respaldo a Barack Obama, Caroline Kennedy comenzó su discurso agradeciendo a sus hijas «su visión y su compromiso por ser las primeras en darse cuenta de qué era lo correcto». Más allá de su orgullo como madre, las palabras de la primogénita del presidente JFK reflejaban una realidad anunciada desde el caucus de Iowa y confirmada a nivel nacional con el paso del tiempo: los jóvenes se han decido a votar.
Un factor sorpresa en esta campaña que consiguió aupar a Obama como el favorito en la primera cita electoral del país, después de que los votantes menores de 30 años aumentaran su participación en un 132%.
Bautizada por los medios como la generación 2008, esta marea de votos -como los definió Bill Clinton- está irrumpiendo en la escena nacional con una fuerzas sin precedentes en la política estadounidense desde 1972. En aquel entonces, Nixon y la guerra de Vietnam lograron que la edad de los votantes descendiera hasta los 18 años. Cuatro décadas después, un nuevo conflicto y otro presidente impopular activan el voto dormido de la juventud, «harta de las mismas historias de siempre, pero sobre todo harta de Bush».
La que habla es Kallen Stoup, estudiante de 22 años residente en Nueva York, aunque su papeleta no fue a parar a Obama -«voté por Edwards antes de su retirada»-. Sus motivaciones ideológicas, basadas en un concepto de cambio, son compartidas desde el lado republicano. Así lo explica Óscar Ramos, profesor de Castellano y Catalán en la Universidad Católica de Washington, cuyos alumnos, «aunque conservadores en un 60%, apoyan en realidad a John McCain porque es el único que personifica una nueva era en el partido».
Aunque están preocupados por la falta de oportunidades laborales, la seguridad social o la economía, no solo los programas electorales son responsables de este fenómeno. También la irrupción de nuevas tecnologías ha conseguido acercar la campaña a un público poco adepto a los periódicos o a los debates televisivos. Medios como YouTube, o la red social Facebook han abierto un nuevo mercado electoral a los candidatos, cuya última iniciativa pasa ahora por los teléfonos móviles.
Así lo hará por ejemplo en San Francisco la compañía de telecomunicaciones Credo, que utilizará su plataforma de clientes para mandar 20.000 mensajes instantáneos promocionando el voto masivo en la cita del supermartes.