Las fuerzas de seguridad londinenses tuvieron que vigilar ayer una multitudinaria protesta, en la que los propios agentes exigían un mayor aumento de sueldo
24 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La policía londinense recibió ayer un curioso encargo: tuvo que velar por un comportamiento civilizado de las propias fuerzas de seguridad. Alrededor de 18.000 agentes se manifestaron desde Hyde Park Corner, en el centro de la capital, hasta el Parlamento de Westminster en una multitudinaria protesta en contra de la previsión de subida salarial.
No faltaron las bromas, en especial cuando un helicóptero de la policía sobrevoló la manifestación, algo que ocurre cada vez que un colectivo se manifiesta por las calles de Londres. «Ahí tenemos al gran hermano», indicaron algunos agentes, a los que no pareció agradar ver a sus propios compañeros vigilando sus movimientos desde el aire. En tierra, unos 150 uniformados controlaban a sus compañeros -o apoyaban la manifestación, según se mire-.
Fueron 18.000 policías - eso sí, fuera de servicio-, procedentes de todo el Reino Unido, los que desfilaron con su tradicional paso de normalidad, pero en ropas civiles y con una gorra de béisbol blanca en la que se podía leer « Fair pay for police» , (Una paga justa para la policía). La venta de las gorras, que se agotaron, fue el medio elegido para poder calcular con exactitud el número de manifestantes y poder confrontar la cifra de asistentes que el Gobierno -la propia policía, en definitiva- iba a dar.
En parte, gracias a la experiencia que da encontrarse siempre al otro lado en las manifestaciones, esta fue pacífica, no hubo gritos, ni apenas pancartas y tal como indicaba ayer un periodista inglés, «sin los inevitables infiltrados antiglobalización con la ya cansina pancarta de « No George Bush ». Fue, en definitiva una protesta silenciosa, casi digna, donde estuvieron representadas todas las fuerzas policiales de Inglaterra y Gales; cuarenta y tres autocares llegaron a Londres procedentes de todo el país repletos de agentes, y en un momento del recorrido la fila alcanzó el kilómetro y medio.
Escasas esperanzas de éxito
La sensación general entre los manifestantes era de escasa esperanza de lograr un cambio en la política del Gobierno. La demostración de que su esfuerzo era en balde lo dio el propio primer ministro, Gordon Brown, cuando indicó en los Comunes que «ha habido un aumento de los salarios policiales en los últimos diez años -la década laborista- de un 39%, a mí me gustaría dar más dinero a la policía, y a las enfermeras y a los profesores, pero había que controlar la inflación», subrayó el premier.
El acto se convocó cuando la ministra de Interior, Jacqui Smith, rechazó aumentar un 2,5% los salarios, tal como pidió un panel de arbitrio. La subida fue del 1,9%, ante lo que los agentes pensaron que si el Gobierno iba a tratar a su policía como meros trabajadores, entonces tenían todo el derecho del mundo a manifestarse. «El Gobierno ha perdido nuestra confianza», indicó un sargento que participaba en la protesta. Por eso, grupos anarquistas sonreían mientras observaban el discurrir de la manifestación.