Comedidos y amigables, por primera vez desde que comenzara la campaña presidencial, Hillary Clinton y Barack Obama sellaban la paz ante las cámaras de televisión en el último debate de los candidatos demócratas emitido por la cadena NBC. Tras protagonizar un duro enfrentamiento motivado por la supuesta herencia del legado de Martin Luther King, los dos líderes decidieron traspasar la responsabilidad del conflicto a sus colaboradores y fans. «Quienes a veces ponen en nuestra boca cosas que no hemos dicho», según aseguró el ex senador de Illinois, Barack Obama. Sabedores del efecto negativo que tendría en las primarias de Nevada una mala interpretación del facto racial -Hillary Clinton siempre ha defendido los derechos civiles y Obama quiere ser presidente de toda las razas-, la tensión entre ambos conseguía rebajarse en un encuentro que llenaba portadas antes incluso de su emisión, debido a la decisión de la cadena de excluir al candidato Denis Kuchini, quien ha recurrido la medida en los tribunales.