Washington teme las consecuencias de la incursión

Enrique Vázquez

INTERNACIONAL

El jefe de la diplomacia turca, Alí Babacan, rechazó ayer el alto el fuego ofrecido por el PKK, pero lo hizo en Bagdad. Su viaje es una concesión a Washington, cuyo Gobierno ha entrado en escena en un intento de evitar la desestabilización en el Kurdistán iraquí, un hecho que podría tener consecuencias incalculables sobre su esfuerzo en Irak.

Mientras, Erdogan mantuvo su agenda ordinaria y viajó a Londres, donde reiteró lo que parece una cierta inclinación de su país por una solución diplomática, tal y como recomiendan, o exigen, los norteamericanos, hostiles a una intervención militar a fondo en suelo kurdoiraquí.

A la vez, Condoleezza Rice habría dado a Erdogan palabra de que su Gobierno hará lo necesario para restaurar el statu quo , es decir evitar las incursiones del PKK. Pero hay escepticismo en los medios políticos sobre la aparente posibilidad de una operación conjunta turcoamericana contra los santuarios del PKK insinuada por Erdogan como una sugerencia de la Administración Bush, que está en medio de dos antagonistas con los que tiene relaciones privilegiadas y cruciales para sus planes regionales.

Es evidente que la propuesta de tregua del PKK fue resultado de las presiones conjuntas de los kurdos iraquíes (entre ellos el presidente Talabani) y, desde luego, la Casa Blanca. La razón es obvia: siempre ha habido kurdos buenos, malos y regulares: los kurdos iraquíes les ayudaron en la invasión del 2003 y tienen tratos discretos con Israel, es decir, son aliados de peso y no pueden ser objeto de graves represalias.