La economía no crece al ritmo esperado por Sarkozy. Su objetivo del 3% ha recibido la corrección de la mayoría de los organismos internacionales, que reducen las expectativas a un 1,8%. Francia es el país que registra la más fuerte revisión a la baja de los países del G-7 para el 2008, según la OCDE. ?Francia pierde competitividad. El elevado coste de la mano de obra por las cargas sociales y la ley de las 35 horas de trabajo semanal tienen la culpa, según Sarkozy. Propone una amplia reforma laboral y la penalización fiscal de las jubilaciones anticipadas. Ya ha desgravado las horas extraordinarias y estudia implantar el llamado «IVA social», un impuesto destinado a las importaciones. Lo frena el temor de reducir aún más el maltrecho poder adquisitivo de los franceses.
El presidente le echa también la culpa al Banco Central Europeo, que no interviene para devaluar el euro frente al dólar.
Con más de cinco millones de funcionarios, sus salarios y pensiones representan casi el 45% de los presupuestos del Estado. Sarkozy está en plena prueba de fuerza con los sindicatos para reformar los regímenes especiales de determinados empleados públicos que permiten la jubilación a partir de los 55 años. Ya ha anunciado que solo se reemplazará a uno de cada dos funcionarios que se jubilen. ?El poder sindical. Puede paralizar el país en cualquier momento. En 1995 impidió la reforma de Alain Juppé y obligó al entonces presidente Jacques Chirac a convocar unas elecciones legislativas que ganaron los socialistas. Nicolas Sarkozy ha sacado una ley de servicios mínimos con la que espera evitar la paralización de los sectores clave en caso de convocatoria de huelga. También ha amenazado a las centrales con revisar su sistema de financiación.
El presidente Jean-Claude Trichet declaró que «las finanzas públicas francesas están en enormes dificultades». Francia «no ha estado bien administrada durante un largo período», añadió.