La decisión del gabinete de seguridad israelí, coincidiendo con la celebración judía de Yom Kippur, y la musulmana del Ramadán, es interpretada como una táctica calculada de ambigüedad.
El primer ministro, Ehud Olmert, y su ministro de Defensa, el laborista y ex premier, Ehud Barak, debían responder a los ataques de Gaza. La semana pasada, 69 soldados israelíes resultaron heridos en una base del Negev, cuando varios misiles Kassam palestinos hicieron blanco tras ser lanzados desde la franja de Gaza.
Pero ha llegado a Israel la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, y, cualquier operación punitiva a gran escala podría dar al traste con las preparaciones para la conferencia de paz que George W. Bush quiere organizar en Washington el próximo mes de noviembre.
Bombardeos a Irán
Una conferencia que, para muchos analistas, es esencial para mostrar a la opinión pública de los países árabes aliados que la Casa Blanca busca la paz aunque se prepare para la guerra. Como ya ocurrió en las vísperas de la invasión de Irak, ahora se prepararía el bombardeo de las bases nucleares iraníes, para finales de este año, o comienzos del próximo.
Por eso, aparte de la destrucción del corredor Filadelfia, al sur de Gaza, en la frontera con Egipto, por donde entran las armas y la munición para Hamás, se calcula que Israel se limitará a seguir ejerciendo su «ocupación por control remoto».
Una prerrogativa establecida en Oslo, en los Acuerdos de 1993. Según esa cláusula, Israel sigue desde sus satélites, sistemas de imágenes aéreas, sus escuchas ultramodernas, sus bombardeos selectivos consecutivos, y sus incursiones puntuales, todo lo que pasa en los territorios palestinos, incluida la entidad enemiga de la franja de Gaza.