Menchú entierra a sus compañeros asesinados durante la campaña más violenta de las últimas décadas en un país en el que «la corrupción alcanza a todos los poderes»
09 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.«Va a tener que ser breve la entrevista. Estamos saliendo para un funeral», explica la jefa de prensa. Después, le pasa el teléfono a Rigoberta Menchú: «Aquí me tiene, de camino para el entierro de nuestros heroicos compañeros, es la forma más triste de cerrar una campaña». Es viernes por la tarde en Guatemala (noche ya en España) y después del cierre de campaña la Nobel de la Paz se apresura a viajar a San Raymundo, donde dos candidatos a concejal por su partido, Encuentro por Guatemala, fueron acribillados a balazos el miércoles.
-Los observadores internacionales han definido la campaña como la más cruel de las últimas décadas -en poco más de un año han muerto en Guatemala 45 candidatos, activistas o afiliados-. ¿Espera que esta violencia se reproduzca el día de las votaciones?
-Espero sinceramente que no, pero ya no se puede asegurar nada sobre eso. Fíjese en que los muertos del miércoles eran un padre de ocho hijos y una muchacha de 23 años. En Guatemala la violencia tiene como padrino a la corrupción, que se ha incrustado en todos los poderes y es una manera cobarde de impedir un triunfo que nuestro pueblo desea.
-¿Se refiere al de su partido? Las encuestas la ubican lejos de los favoritos para los comicios, en el cuarto lugar en el mejor de los casos.
-Las encuestas están totalmente manipuladas. Aun antes de que yo presentara mi candidatura ya estaban diciendo que había sondeos en los que no me daban ninguna oportunidad. Han intervenido de manera abusiva contra nosotros.
-¿Cree entonces en sus posibilidades?
-De lo que estoy segura es de que nosotros sólo tenemos cosas que ganar y de que en realidad ya hemos ganado. Por primera vez se va a escuchar la voz de los indígenas. Además, somos el único partido que no ha tenido que recurrir a la financiación privada para la campaña y eso por si solo ya es un éxito, porque garantiza independencia.
-Encuestas manipuladas, violencia. ¿Serán fiables los resultados?
-El Gobierno ya ha dicho que hay 132 mesas que no se van a poder controlar. Sólo esa afirmación ya es una mancha en las elecciones. Además, nosotros no tenemos personal suficiente para desplegar ante las urnas y no tendremos ningún modo de asegurar unas elecciones limpias. También en eso Guatemala está en precario.
-¿Aceptará entonces el resultado que se haga público?
-Yo me comprometo a aceptar cualquier resultado. Lo más importante era dar voz a los indígenas y eso está hecho. Sólo haciendo oposición ya podremos mejorar las condiciones de vida de mi pueblo.
-Antes que usted, muchos otros ya han colocado a los indígenas al frente de su campaña. ¿Qué tiene en común su ideario con el de Chávez (Venezuela), Evo (Bolivia), Lula (Brasil) o Toledo (Perú)?
-Respeto a todos los que se han interesado por el pueblo indígena. Sobre todo a nuestro hermano Evo. Pero la situación de Guatemala tiene poco que ver con la de los países de aquellos que nombra. Aquí se combina el machismo y el racismo; el fascismo y el militarismo.
-¿No buscará entonces sus apoyos? ¿Tomará partido por alguna de las nuevas corrientes que se extienden por América Latina?
-Para mí, lo más importante es lo de acá. Qué somos capaces de hacer nosotros para salir del problema. Aunque está claro que soy una candidata del siglo XXI y que mi intención es mantener una estrechísima relación con países como España. Tanto si gano como si no, quiero pedir el apoyo del señor Zapatero para que nos ayude a capacitar a nuestros líderes. Por supuesto, creo que es necesario abrirnos a la inversión extranjera, pero siempre que esa inversión nos deje algo aquí. Que no se aprovechen de nuestro pueblo.
-¿Pensó que su condición de premio Nobel le ayudaría en la campaña? Si las encuestas se confirman en las urnas, ¿significará que su popularidad pesa más fuera que dentro de su país?
-Por supuesto que el Nobel me ha ayudado. Entre otras cosas, me enorgullece poder decir que soy la única candidata que no ha necesitado padrinos. Detrás de Rigoberta Menchú están los pobres de este país, los indígenas que tanto tiempo han sido olvidados, en el mejor de los casos. Siento que si no me hubiera mojado en estas elecciones, entonces mi trayectoria y mis reconocimientos no habrían valido de nada. Era una oportunidad de oro y pienso que la he aprovechado porque mi apuesta fue desde el principio que los dirigentes fueran hijos de la participación ciudadana y eso poco a poco se va a ir consiguiendo. Por ahora ya hemos logrado movilizar a gente que no creía en la democracia, que pensaba que ser político en este país es lo más sucio a lo que se puede aspirar.