Es ingenuo creer que un contrato así pueda estar condicionado por un asunto humanitario
05 ago 2007 . Actualizado a las 19:13 h.Ayer, un portavoz del Gobierno francés y otro libio (el hijo del propio Gadafi, ese Gobierno es más bien una empresa familiar), negaban cualquier relación entre la liberación de las enfermeras búlgaras y el médico palestino y la conclusión del jugoso contrato de venta de armas a Libia. El escándalo arreciará cuando los diputados franceses vuelvan de sus vacaciones. Pero es fácil prever que todo esto quedará en nada.
Y es que es ingenuo creer que un contrato así pueda estar condicionado por un asunto humanitario. Si EADS, el consorcio armamentístico, no había cerrado el trato antes, no era porque le preocupasen los derechos humanos, sino porque no había dado con el precio. Es la coincidencia, fatal para Sarkozy, de ambas noticias lo que le hace aparecer como sospechoso de un intercambio de armas por indultos. Y lo más probable es que no haya hecho ni lo uno ni lo otro.
Sarkozy es víctima de su afán de protagonismo, en el que encima ha metido a su mujer (la Presidencia francesa también parece una empresa familiar). Su deseo de atribuirse el éxito de esa liberación es lo que ahora le pasa cuentas, cuando en realidad fue obra de los negociadores de la UE (no de Javier Solana, por supuesto).
En concreto, es Benita F. Waldner, Comisaria de Asuntos Exteriores, quien ha estado trabajando años en este asunto, viajando a Libia, viendo a los presos y dotando el penoso sistema hospitalario del país, el verdadero responsable de la infección de sida de los 400 niños y para la que Gadafi eligió a seis extranjeros como chivos expiatorios. Puesto que EADS es sobre todo una empresa europea (Francia sólo tiene un 15%), si hay que sospechar algún quid pro quo, es en Bruselas y no en París. El trato francolibio es otro: la venta de una central nuclear, que ha pasado casi desapercibida.
En cuando al escándalo de venderle misiles antitanque a una dictadura, conviene recordar que la UE levantó su embargo de armas en el 2004, tan pronto como Estados Unidos le dio permiso porque había decidido reanudar sus relaciones con Gadafi (un ejemplo más de política exterior europea independiente). El escándalo tenía que haber sido entonces. Este pecado es más de vanidad.