madrid | Los israelíes están dispuestos a hablar con los palestinos de asuntos fundamentales del eventual Estado palestino, y éstos están listos para tratar primero de una declaración sobre los principios generales de tal Estado. Olmert y Abás han cumplido así el delicado problema de cómo agradar a Rice.
La secretaria de Estado terminó ayer una visita distinta a otras: llegó tras reunirse con ocho Gobiernos árabe-suníes a los que pidió apoyo a la conferencia de paz que Bush resucitó, y tras el anuncio de Washington de que venderá o regalará ingentes cantidades de armas (Israel verá incrementada la ayuda militar en un 25% anual). Habrá ochenta millones de dólares para la seguridad palestina.
Esto es un intento de garantizar la seguridad de los Gobiernos suníes frente a la pretendida amenaza del Irán chií y persa. Pero también un estímulo para ganar apoyo árabe en la conferencia de otoño.
La teoría israelí al respecto ha sido siempre que cuanto se haga será en mera negociación bilateral con los palestinos (sin una mano internacional que imponga una solución), y que lo relacionado con el estatuto definitivo se dejará para el final.
Los palestinos se han negado siempre a firmar acuerdos sobre principios generales del Estado, y han insistido en ir al grano: fronteras, refugiados, Jerusalén. Ahora, cada parte ha comprendido que debía dar algo a Rice, urgida por el presidente a encarrilar el conflicto hacia una solución de la que los islamistas, dijo Olmert, deben quedar al margen.
Las concesiones dialécticas parecen más aparentes y técnicas que políticas, y se explican por la presión americana. Por lo demás, Rice se aviene a describir la imprecisa conferencia prevista al gusto israelí, y el miércoles hablaba más de reunión que de conferencia.