Atrapados en el fuego cruzado entre el Ejército libanés y los milicianos de Fatah al Islam, en el campo de Nahr el Bared se vive entre explosiones y cadáveres que se pudren bajo los escombros
15 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Cadáveres abandonados entre las ruinas, mujeres que juran acompañar hasta la tumba a sus esposos: los fugitivos del campo palestino de Nah al Bared, que aún resiste el asedio del Ejército libanés en el norte del país, cuentan el drama que vivieron durante dos meses de combates. Entre las calles agujereadas por los impactos de los proyectiles, el cadáver de Faisa Wehbi, de 65 años, fue descubierto nueve días después de su muerte por los empleados de la Media Luna Roja palestina. «Los gatos hambrientos ya habían empezado a roer la carne de su cuello», explica Attica Wehbi, de 26 años de edad, una de sus parientes, sentada en una panadería del campo de Badaui, vecino a Nahr al Bared. «La hemos enterrado en Badaui», añadió la joven. La población de Badaui se duplicó desde la llegada de oleadas de refugiados de Nahr al Bared, cuando se iniciaron los combates el 20 de mayo entre el Ejército y los islamistas de Fatah al Islam. Sigue la lucha Unos 31.000 palestinos vivían en Nahr al Bared, que ahora está casi vacío tras dos meses de sangrientos combates que ayer mismo continuaban. Los enfrentamientos en el interior y alrededor del campo causaron unos 200 muertos, probablemente más porque los cuerpos de los civiles, pero sobre todo de los islamistas, fueron abandonados entre las ruinas. Organizaciones humanitarias intentaron en vano el miércoles evacuar a 45 niños y 20 mujeres pertenecientes a las familias de los islamistas. El Ejército había acusado a los terroristas de «comportamiento inhumano al impedir a los miembros de sus familias abandonar el campo». Sin embargo, un representante de una organización humanitaria palestina que participó en las evacuaciones dio otra versión. «Las mujeres prefirieron morir con sus esposos», aseguró. Jalil Abdel Al, de 35 años, un carnicero que perdió su casa y su tienda en el campo, asegura comprender esa determinación: «Tenían miedo de irse y sufrir las amenazas del Ejército libanés. Si lo que nos ha sucedido es terrible, ¿cuál será la suerte de ellas?», se pregunta este hombre, en alusión a los malos tratos infligidos a los refugiados evacuados de Nahr al Bared, según militantes de defensa de los derechos humanos.