Los colegas del ex agente fallecido están en el punto de mira, mientras las teorías sobre la conspiración se acumulan
12 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Ni Ian Fleming ni John Le Carré habrían sido capaces de complicar tanto la trama si quisieran escribir sobre el asesinato por envenenamiento con un isótopo radiactivo de un ex espía del KGB exiliado en Londres. La confusión, el engaño y la mentira son moneda de cambio en el mundo del espionaje y en el caso Litvinenko no falta nada. Más de un mes después de que arrancara el caso, los interrogantes se acumulan en cada giro de la investigación en medio de hipótesis y elucubraciones. Dada la complejidad del caso la investigación está a cargo de policías de tres países -Scotland Yard, la Fiscalía rusa, una comisión especial alemana (bautizada con el peliculero nombre de El Tercer Hombre)- ,y desde ayer la Interpol. Las principales sospechas recaen sobre los dos rusos que se reunieron con Litvinenko en un hotel londinense el 1 de noviembre, el día en que cayó enfermo: Dimitri Kovtun y Andréi Lugovói, colegas de los servicios secretos soviéticos y ahora prósperos hombres de negocios. Un tercer ruso, Viacheslav Sokolenko, espera su turno para ser interrogado, pero al parecer es el que menos interesa, ya que llegó con la reunión ya terminada. Los investigadores parten de la base de que Kovtun llevaba el polonio 210 consigo cuando salió de Moscú el 28 de octubre con destino a Londres, haciendo escala en Hamburgo, antes de reunirse con Litvinenko. Durante los cuatro días que permaneció en la ciudad alemana, además de contaminar a sus dos hijos, a su ex mujer y a la pareja de ésta, dejó huellas radiactivas en un coche que lo recogió en el aeropuerto, en dos viviendas y en una oficina de extranjería. Sin embargo, Alex Goldfarb, estrecho amigo de Litvinenko y próximo al magnate exiliado Boris Berezovsky, afirma que Kovtun «no sabía que el material que iba a traer a Londres era radiactivo», por lo que «él mismo se contaminó, al igual que los que estaban a su alrededor». Si bien Lugovói ha sido interrogado en calidad de testigo, Scotland Yard se interesa por él desde que se descubrió que fue dejando restos de radiactividad por distintos lugares, sobre todo en un vuelo de British Airways entre Moscú y Londres, que desató la alarma en media Europa. Tanto Lugovói como Kovtun han negado cualquier participación en el envenenamiento. Mientras cada vez hay más contradicciones sobre el estado de salud de ambos, pese a que se llegó a anunciar que Kovtun estaba en coma al desarrollar síntomas de envenenamiento. Mientras a Lugovói primero dice al diario ruso Kommersant que «no presenta huella alguna de contaminación», como luego confiesa al Sunday Times británico que hay indicios de radiación en su cuerpo. Y todo en medio de sus apariciones en programas de máxima audiencia. Al trío se une el oscuro personaje de Mario Scaramella, el italiano que se reunió con Litvinenko en el restaurante de sushi , que en 24 horas pasó de estar a punto de morir de radiación -cuando las sospechas apuntaban hacia él- como a encontrarse «estupendamente». Nada esta claro. Incluso si fue el 1 de noviembre cuando Litvinenko fue envenenado en el hotel Millenium. Algunas fuentes extraoficiales descartan incluso que fuera asesinado y que sólo se trató de un accidente en un negocio de tráfico de polonio. Mientras, muchos dudan de que algún día se sepa la verdad.