El secuestrador se suicidó arrojándose a las vías del tren después de que su víctima huyera Tras ocho años de cautiverio, Natascha logró huir pese a sufrir el síndrome de Estocolmo
24 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Natascha Kampusch, la austríaca de 18 años que permaneció secuestrada durante ocho en un zulo en la afueras de Viena, tuvo que dirigirse durante años a su secuestrador con las palabras «mi amo y señor». Este caso tiene conmocionada a Austria desde que la chica logró huir el pasado miércoles de su captor, más aún cuando los expertos revelaron que sufre el síndrome de Estocolmo. Un antiguo compañero de trabajo del supuesto secuestrador, Wolfgang Priklopil, dijo ayer que el hombre era «muy extraño, tacaño y violento» y que su entorno laboral comentaba «que había que internarlo». «Ahora vemos que en realidad teníamos razón», dijo. El sospechoso se suicidó la noche del mismo día en que Natascha huyó. Priklopil, un electricista de 44 años, se arrojó a la vías de un tren de cercanías al norte de Viena. «No me van a pillar nunca vivo», le solía decir Priklopil a su víctima, según la policía local. El captor trabajó desde 1989 en una empresa de telecomunicaciones que instalaba en todo el país líneas de telefonía analógica, antes de ser despedido en 1991. Según el ex compañero de trabajo, el hombre trabajaba por expreso deseo de su difunto padre que condicionó el pago de una millonaria herencia al hecho de tener durante tres años un empleo estable. La herencia explicaría cómo pudo vivir durante tantos años sin trabajar en una casa grande en las afueras de Viena y conducir un automóvil de lujo. «Por lo que sé, nunca tuvo una novia. De hecho, hablaba siempre muy mal de las mujeres», relató. La policía no ha comentado si la niña sufrió abusos sexuales durante su cautiverio. Mientras, el padre de la víctima, Ludwig Koch, señala en una entrevista al diario Kurier que su hija está «muy delgada, con una piel muy blanca y manchas en todo el cuerpo». Según dijeron varios expertos, Natascha muestra síntomas de un fuerte síndrome de Estocolmo (los secuestrados desarrollan simpatía y apego a su captor), y se desconoce cómo y por qué pudo hacer acopio de fuerzas para fugarse finalmente. Aparentemente, la joven se escapó la mañana del miércoles y se escondió en el jardín de una casa en la localidad de Strasshof, al norte de Viena, cerca de la vivienda que se convirtió en su cárcel. Allí la encontró una mujer que avisó a la policía después de que Natascha le contase que había vivido los últimos años encerrada en un sótano. En su primer contacto con las autoridades, la joven sólo dijo: «Soy Natascha Kampusch»; y reveló además que su secuestrador había partido hacia Viena en un BMW 850i de color rojo. Los padres de la víctima la reconocieron en una reunión que hizo llorar a Natascha. Hace ocho años, una compañera fue testigo de como fue introducida por un desconocido en una camioneta mientras iba de camino a la escuela, y luego ya nadie volvió a saber de ella. Tenía sólo 10 años. Familiares y psicólogos piden tranquilidad para facilitar su reinserción.