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BEAWIHARTA

Análisis | La situación en Timor Oriental

24 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

MANIFESTACIÓN. Miles de manifestantes en apoyo de Xanana Gusmão impidieron ayer al primer ministro, Mari Alkatiri, acceder a la reunión en Dili del partido gobernante, Fretilin. Mari Alkatiri, cuya dimisión pedían ayer miles de timorenses, es sin duda un primer ministro singular. En un país que basa su identidad en la cultura timorense y la religión católica, él es musulmán (su hermano es la máxima autoridad islámica de Timor Oriental) y árabe (sus padres procedían de Yemen). Y sin embargo Alkatiri ha logrado encabezar y dominar el movimiento nacionalista timorense, el Fretilin, que él ayudó a fundar en los años setenta. De ahí esa extraña dicotomía: tiene el poder (el Fretilin controla casi el 60% de los escaños del parlamento), pero no la simpatía de los ciudadanos timorenses. Esa dicotomía estaba en la raíz del conflicto entre Alkatiri y Xanana Gusmão en vísperas de la independencia de Timor Oriental, hace cuatro años. Gusmão, el «padre de la independencia», que abandonó el Fretilin hace años para convertirse en una figura institucional, quería una república presidencialista porque sabía que podía contar con los votos de los timorenses. De hecho, Gusmão fue elegido presidente. Pero Alkatiri logró que se estableciese un régimen parlamentario dominado por el Fretilin en el que todo el poder quedó en manos del primer ministro, él, mientras que el presidente es una figura meramente simbólica. Acuerdo crucial Desde entonces, Alkatiri ha intentando ampliar esa base de poder. Sabedor de la sintonía entre Gusmão y el valedor de la independencia timorense, Australia, le negó a Canberra un crucial acuerdo sobre el petróleo timorense (valorado en 30.000 millones de dólares), que fue a parar a manos de China. En una especie de mimetismo con el «modelo Chávez», Alkatiri se ha acercado a Cuba, de donde se ha traído recientemente a unos doscientos médicos. Mientras, se ha enfrentado también con el otro poder de Timor Oriental, la Iglesia católica, a la que ha enfurecido con sus leyes educativas. Esto, junto con otras medidas más extravagantes, como la de declarar un día de luto anual por la muerte de Yasir Arafat, o más significativas, como los cambios que ha introducido en las elecciones internas del Fretilin (y que le garantizan su reelección) es lo que han alarmado al padre de la patria timorense (Gusmão) y al padrino de esa patria (Australia). El motín de soldados que el mes pasado desató la actual crisis era menos político que laboral, pero Gusmão y la oposición han conseguido capitalizarlo en su lucha contra Alkatiri, quien parece dispuesto a defenderse enfrentando al Fretilin con la presidencia y el Ejército.