Miles de desesperados supervivientes del seísmo del sábado en el centro de Indonesia pasaron la jornada de ayer esperando una ayuda que empieza a llegar con cuentagotas, mientras el número de víctimas mortales aumentó hasta casi 5.700 personas, según el último balance oficial. Se ha perdido ya toda esperanza de encontrar entre las ruinas a posibles supervivientes y ayudar a quienes se han quedado sin hogar es la prioridad, sobre todo debido a las intensas lluvias que los damnificados se ven obligados a soportar. Cientos de toneladas de alimentos, tiendas de campaña, bombas de agua y material médico llegaron ayer a la isla de Java. Unos 15.000 litros de agua potable se están almacenando diariamente en Bantul, donde la red hidráulica está destruida casi por completo, señaló la ONU.