Incertidumbre total en Italia por el empate entre Berlusconi y Prodi
INTERNACIONAL
El centroizquierda celebraba el triunfo cuando los resultados sufrieron un drástico cambio Lo único confirmado fue la participación, que llegó al 83,6% y superó la de los anteriores comicios
11 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Los italianos se fueron anoche a la cama con la incertidumbre de quién era el ganador de las elecciones generales celebradas ayer y el domingo. Al cierre de esta edición, el resultado era de empate entre el primer ministro, Silvio Berlusconi, y el líder del centroizquierda, Romano Prodi, después de que a primera hora de la tarde se diera por seguro que Italia había pasado página al optar sus electores por el cambio de Gobierno y el fin de la era de Il Cavaliere. En la tarde noche se pasó de la euforia en las filas de la Unión de Prodi al optimismo en la Casa de la Libertad de Berlusconi. Los datos han bailado a favor de unos y otros, según aparecían proyecciones de voto. Los oficiales han sido, como siempre, lentos y mezclados con los datos provisionales que ofrecían los medios de comunicación, por lo que se vivieron momentos de gran confusión. La peor hipótesis Al cierre de esta edición se daba la peor hipótesis posible: un empate entre Prodi y Berlusconi, con uno vencedor en la Cámara de los Diputados, y el otro, en el Senado. La Unión se mantenía en cabeza en la Cámara de los Diputados, con el 51,26% de los votos, según los datos facilitados por el Ministerio del Interior, con el 60% de los sufragios escrutados. La centroderecha de la Casa de las Libertades obtenía el 48,17%. Tal como estaban las cosas, la oposición pidió que se vigilase el recuento de votos en las regiones de Lazio y Nápoles. Los italianos se tomaron en serio las elecciones y se volcaron en las urnas, que registraron una participación del 83,6% -superior a la de los comicios del 2001, del 81%-, según informó el ministro del Interior. La lentitud del escrutinio, lacra habitual del sistema italiano, pero sobre todo el ajustado equilibrio de fuerzas, hizo que el desenlace se fuera aplazando con las horas. Las encuestas a pie de urna indicaban una victoria de Romano Prodi, con una horquilla del 50-54%, pero esta apreciación se fue transformando a medida que se conocían las proyecciones de voto, mucho más ambiguas. Mientras parecía claro el triunfo del líder del centroizquierda en el Congreso, la centroderecha de Berlusconi remontaba en el Senado. Hacia las ocho de la tarde, los cálculos de extrapolación ya entregaban a Berlusconi esta Cámara. Y a las nueve, incluso en el Congreso la diferencia entre ambas coaliciones era mínima. Después, todo fue un constante baile de porcentajes, con escaso margen de ventaja, y ya ningún político se atrevía a abrir la boca. Sólo quedaba esperar a los datos oficiales definitivos. Con un resultado incierto, la única certeza era que la última trampa tendida por Berlusconi, aprobando un nuevo sistema electoral in extremis, había surtido efecto. Todos los analistas decían que le favorecía porque, si bien no le haría ganar, dificultaría la victoria de la oposición y, en cualquier caso, su capacidad de gobierno por el aumento del peso de los pequeños partidos.