«¡Cavaco, a la primera!»

INTERNACIONAL

El fantasma de la posibilidad de una segunda vuelta marca la penúltima jornada de campaña del candidato de la derecha, que no abandona su estrategia a la defensiva

19 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Aníbal Cavaco Silva, el único candidato de la derecha y favorito para ganar las elecciones presidenciales, sólo tenía a principios de campaña una consigna: no hacer demasiado ruido. Se trataba de confiar en la capacidad de autodestrucción de la izquierda lusa y barrer a los oponentes aprovechando su división. Sin embargo, a falta de sólo dos días para el no va más del circo preelectoral, las encuestas empequeñecían ayer la antes holgada mayoría absoluta de Cavaco. Al paseo triunfal le empezaban a salir baches: no es lo mismo tumbar a un cuarteto fragmentado de izquierdistas que ni siquiera se tienen piedad entre ellos que a un sólo oponente fuertemente respaldado, en una hipotética segunda vuelta. Si no arrasa a la primera, al líder de Portugal Maior se le va a poner cuesta arriba el asunto y por eso, en la penúltima jornada de campaña, al hombre de la derecha se le vio más necesitado de simpatizantes que nunca. 11.00. Termas de San Pedro do Sul «Agiten las banderas, que es bonito agitar las banderas». La especie de animador que ha tomado el escenario encuentra poco respaldo en el público. La gente lleva más de media hora esperando al profesor Cavaco y tiene pocas ganas de agitar nada. Algunos hacen caso a regañadientes cuando enfocan las cámaras, pero la mayoría ni se inmuta. Salvo contadas excepciones, el centenar de simpatizantes del candidato ya estaban cerca de jubilarse cuando su hombre era primer ministro y de eso hace ya diez años. En las mayores termas del país hace frío y al señor del micro le falta gracia. De repente, se produce el alboroto: los coches de Portugal Maior irrumpen en la plaza, el líder se baja del auto en compañía de su mujer y comienza a sonar el himno del partido. La gente se agolpa en torno al profesor -doctor honoris causa por Nueva York y A Coruña- y algunos se arrancan a gritar aquello de «Cavaco, amigo, el pueblo está contigo». Pero, no hay manera, el ambiente sigue gélido. El rostro serio del candidato no ayuda a encender los ánimos de la multitud. Sólo queda confiar en un as bajo la manga: Isabel Silvestre. Sin nombre alguno en España, esta mujer resulta ser mandataria de Viseu (la capital de la región) y además una reconocida cantante en todo el territorio vecino. Así que además de presentar al invitado estrella no tiene reparo en arrancarse a cantar canciones populares. A Cavaco le cambia la cara. Ahora ya se parece a la que pone Bush cuando sale por la tele en medio de un discurso ajeno: labios apretados, cejas arqueadas y evidente aburrimiento. Pero su rostro aún sufre una tercera alteración cuando Silvestre incide (hasta tres veces) en la necesidad de que su compañero gane en la primera vuelta. «¡Cavaco a la primera, Cavaco a la primera!» grita todo el mundo. Y parece que Cavaco sonríe y hasta levanta los dedos con el signo de la victoria. Todo un clásico entre sus poses. Cuando le llega el turno al candidato, su discurso es breve y carente de emoción alguna. Ha permanecido imperturbable durante toda la campaña y no va a echarlo todo a perder en cinco minutos de charla que le dedica a la gente de las termas de San Pedro do Sul. Los invita a que «no se queden en casa el próximo domingo», que es una frase que no compromete a nadie, y arranca a toda prisa para Castro Daire. 12.00. Discurso en Castro Daire No hay diferencias entre el discurso de Cavaco de las once y media y el de las 12.20 horas. También en este está Isabel Silvestre, pero ni siquiera canta. Inevitable la referencia a la necesidad de evitar la segunda vuelta. Es momento de estudiar a la caravana de Portugal Maior. La mayoría de los coches que acompañan a Mário Soares, el hombre del PS, son furgonetas con su cara ,y su séquito lo forman sobre todo jóvenes entusiastas con bufanda y banderita. El equipo de Cavaco está compuesto por gente de mediana edad de los que nunca queda claro si son asesores del candidato o sus guardaespaldas. Viajan en coches oscuros y sin ningún distintivo. Visten traje y corbata como su líder (ayer de chaqueta y camisa azul y pantalón negro) y jamás se les escapa una sonrisa. El equipo entero abandona la localidad quince minutos después de llegar. Cavaco se para y besa a un niño. Ya está. Se sube al coche, hace el signo de la victoria, y hasta luego. 13.00. En Lamego Cerca de quinientas personas esperan al líder de la derecha para sentarse a comer en el hotel de Lamego. Acumula un retraso de 45 minutos, pero aquí no parece importar. Cuando entra, todos son aplausos y él camina entre los suyos con sus dedos formando una uve perenne. Antes de probar el menú -sopa y carne asada-, los discursos de rigor. Silvestre no se baja de su «¡Cavaco a la primera!», aunque aquí aprovecha para recordarle a la gente que Lamego va a estrenar hospital (no hay elecciones sin inauguración). Turno para el profesor: «Lo único que puedo decir es que acabo la campaña satisfecho. Nadie me podrá acusar de haber atacado o insultado a los otros candidatos». Y es cierto. Es el único que se ha limitado a permanecer a la defensiva, con un discurso plano, como recuerda uno de los periodistas lusos que lo han seguido. La estrategia del piloto que decide no arriesgarse a romper el motor con el título a las puertas. Habrá que ver si el conservadurismo no pasa factura sobre la meta. En los postres, un curioso ritual. Muchos comensales (casi todos con traje de domingo) abandonan sus mesas y van pasando por la de Cavaco para saludarlo. Casi al mismo tiempo, un coro de mayores empieza a cantar. Cuesta no pensar en un grupo de fieles que se acercan en fila a besar la imagen del Niño Jesús el día de Nochebuena. El mismo profesor parece una estatua, tan inexpresivo. Aunque, acabada la procesión se mueve. Pide disculpas por sus obligaciones (paseo y mitin en Viseu) y se va. Pero antes, un último gesto. El de siempre, el de la victoria a la primera.