Schwarzenegger, implacable con un condenado viejo y enfermo

Óscar Santamaría CORRESPONSAL | NUEVA YORK

INTERNACIONAL

Crónica | Nueva negación de clemencia

14 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, volvió a denegar una petición de clemencia de un condenado a muerte, esta vez de 75 años de edad, ciego, medio sordo, en silla de ruedas y diabético que será ejecutado el martes en la prisión de San Quintín. Sin titubear, como ya ha hecho en dos ocasiones anteriores (entre ellas el caso de Stanley Tookie Williams), Schwarzenegger aplica el brazo fuerte de la ley. Si nada lo impide, es decir el Tribunal Supremo de EE.?UU., Clarence Ray Allen se convertirá en el segundo preso más viejo ejecutado desde que la pena de muerte se reinstauró hace 30 años. Ni su avanzada edad -cumplirá 76 años la víspera de la ejecución por inyección letal- ni su precario estado de salud - el año pasado revivió milagrosamente tras un ataque al corazón- lo salvarán de su destino, escrito hace más de 23 años cuando fue sentenciado por contratar a un sicario que mató a tres personas. Allen dio la orden desde la cárcel, donde cumplía condena por otro asesinato anterior, al temer que sus víctimas pudieran testificar en su contra. Pocas esperanzas «El espectáculo de ver al señor Allen entrando a la sala de ejecución en silla de ruedas, sin poder ver a los que presenciarán su muerte viola todos los estándares de decencia», dijo uno de sus abogados, que consideran que la ejecución supondrá un ejercicio de crueldad y ensañamiento prohibido por la Octava Enmienda de la Constitución. Los abogados han recurrido al Supremo alegando la edad y frágil salud de su cliente. No obstante, el recurso tiene nulas probabilidades de prosperar después de que en el 2004 el máximo tribunal rechazara un recurso similar. Al justificar su decisión, anunciada el viernes, Schwarzenegger desechó el argumento de la avanzada edad sobre el que también se basó la petición de clemencia. En un comunicado recordó que Allen ordenó los tres asesinatos cuando tenía más de 50 años. «Su conducta no fue resultado de juventud o inexperiencia, sino de las decisiones duras y calculadas de un hombre maduro», señaló. «Nuestro sistema funciona de forma deliberada y cuidadosa», añadió. Robert Rocha, hermana de una de las víctimas, tampoco se conmueve por la edad de Allen. «Si él siente que es muy viejo para morir, nosotros creemos que Josephine era muy joven. Sólo tenía 17 años cuando nos la quitó», afirmó.