El pariente rico de Asia central

INTERNACIONAL

SHAMIL ZHUMATOV

Análisis | Elecciones presidenciales en Kazajistán Entre la prosperidad y la corrupción, Kazajistán reelegirá hoy a Nazarbáyev y a su «modelo kazajo» de estabilidad, falta de libertades y acercamiento a Rusia y China

03 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Desde luego, la democracia postsoviética no proporciona noches electorales de infarto. Mientras ayer no causaba sorpresa que en los recientes comicios chechenos haya ganado el partido prorruso, tampoco las presidenciales que se celebran hoy en Kazajistán harán que nadie cruce los dedos. Es seguro: Nursultán Nazarbáyev, el extravagante antiguo líder comunista reconvertido en nacionalista, será reelegido por una mayoría cercana a la unanimidad. Otros políticos necesitan amañar las urnas para lograr esto. A Nazarbáyev no le hace falta (aunque también las amañe). Nadie niega el «milagro kazajo» que se ha operado bajo su Gobierno. En tiempos de la URSS, Kazajistán era un lugar tan remoto y terrible que fue allí adonde se deportó a Trotski. Hoy, en cambio, este país del tamaño de Europa occidental crece a un ritmo cercano al 10% anual, camino de colocarse entre los diez mayores exportadores de petróleo. De hecho, en renta per cápita, Kazajistán, que heredó hasta el 80% de la riqueza mineral de la antigua URSS, es el país más rico del mundo (un consuelo pequeño para el 60% de su población, que vive en la pobreza, eso sí). En la cima del edificio más alto de Almaty, la mayor ciudad del país, luce un rótulo luminoso: «Kazajistán 2030». No es la fecha de una olimpiada, es la fecha mágica del ambicioso proyecto de despegue económico diseñado por Nazarbáyev. Las perspectivas son, efectivamente, buenas: este verano comenzó a funcionar el oleoducto ruso del Caspio y algún día (estaba previsto para este año) debería terminarse el que unirá Kazajistán con China. Nazarbáyev, que tiene inmejorables relaciones con Moscú, hace lo posible para tenerlas también con Pekín, lo que incluye la deportación de la población uigur de Kazajistán y hacer la vista gorda ante las libertades que se toma China con las fronteras. Pero le merece la pena. Los analistas creen que el eje Rusia-Kazajistán-China podría convertirse en uno de los más importantes del comercio energético. Con este estado de cosas, las elecciones son un mero trámite. Ni siquiera existe una oposición. Los otros candidatos son, como suele suceder en los comicios de Asia central, antiguos miembros del Gobierno caídos en desgracia (incluyendo, en este caso, al ex jefe de gabinete del presidente). El sistema hará imposible que ganen, y la prosperidad hará difícil que estalle una revuelta como la del vecino Kirguizistán. Así hasta el 2013, la fecha en que, según se dice, Nazarbáyev tiene previsto dejar el poder. Dejárselo a su hija Dariga Nazarbayeva, claro está.