El poderoso republicano DeLay paga la fianza para evitar la cárcel

Óscar Santamaría CORRESPONSAL | NUEVA YORK

INTERNACIONAL

El fiel escudero de Bush no se pudo librar -como intentaron sus abogados - de poner las huellas dactilares y ser fotografiado de frente y de perfil como un detenido más

20 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

El influyente político republicano Tom DeLay, amigo íntimo y fiel escudero de George W. Bush, compareció ayer ante un tribunal de Texas en respuesta a la orden de arresto dictada contra él el miércoles, semanas después de ser acusado de conspiración en un caso de lavado de dinero y financimiento irregular de campañas políticas. Apodado el Martillo por su estilo directo y áspero, arquitecto de la ofensiva que permitió a los conservadores recuperar la mayoría en el Congreso hace una década, DeLay no se pudo librar -como intentaron sin éxito sus abogados para salvar su ya dañada imagen-, de poner las huellas dactilares y ser fotografiado de frente y de perfil por los agentes como un detenido más. La noticia acaparó la atención de los medios, con reporteros apostados en las inmediaciones de la oficina del sheriff donde pasó apenas media hora y salió libre tras depositar una fianza de 10.000 dólares. El juicio contra DeLay, que tuvo que dejar su puesto como líder de los republicanos en la Cámara de Representantes del Congreso cuando se conocieron las primeras imputaciones, tenía previsto comenzar hoy en Austin.«Tiene buen ánimo y está deseando poder demostrar su inocencia y que tras el caso sólo se esconde una obsesión política y una vendetta del fiscal Ronnie Earle (de filiación demócrata)», dijo su portavoz. DeLay, eficaz impulsor de la agenda de Bush en el Congreso y flagelo de demócratas pero también de los republicanos más rebeldes, está acusado junto a dos colaboradores de captar donaciones privadas y desviarlas para apoyar candidaturas republicanas en su estado natal de Texas, violando las leyes del estado sureño. Siempre con una media sonrisa en el rostro, el conservador de 58 años que hizo una fortuna con una empresa de exterminación de plagas, ya había sido señalado en el pasado por conductas inapropiadas por el Comité de Ética del Congreso. Su caso, junto con la investigación del líder republicano del Senado, Bill Frist, por una irregular venta de acciones de una compañía familiar, ha sacudido los pilares del partido de Bush y ha puesto al presidente, una vez más, contra las cuerdas. Aunque el presidente calificara ayer esos problemas como sólo un «ruido de fondo»> que no le distraerá de su trabajo.