Dresde, un test de popularidad para Schröder y Merkel

Úrsula Moreno CORRESPONSAL | BERLÍN

INTERNACIONAL

JOHN MACDOUGALL

La capital sajona celebra hoy las legislativas con dos semanas de retraso Su voto no dará la vuelta al resultado, pero puede ser vital en el duelo por la Cancillería

01 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Todas las miradas se concentran hoy en Dresde, la capital de Sajonia, el estado germano-oriental que linda con la República Checa. Pero más que la belleza de esta ciudad a orillas del Elba, en estado de eterna reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, despierta expectación el voto de los 219.000 electores convocados a las urnas con dos semanas de retraso sobre el resto del país. La muerte inesperada de una candidata del partido neonazi NPD motivó el aplazamiento de los comicios en este distrito. Conscientes del efecto psicológico que puede tener el movimiento de uno o dos escaños en el Bundestag, se prevé una participación elevada. Aunque se trata sólo de un 0,35 por ciento del electorado, los socialdemócratas confían en inclinar la balanza de la popularidad a favor de Gerhard Schröder, si se hacen hoy con uno o dos escaños. Lograrían en tal caso reducir la distancia de tres diputados que les separan del bloque conservador de Angela Merkel, cercenando aún más la ya cuestionada popularidad de la candidata democristiana y adjudicándole tantos a Schröder en su pulso por la cancillería. Hoy los dominicales vuelven a recoger ataques contra Merkel, procedentes de sus propias filas, que la responsabilizan del mal resultado cosechado el pasado 18 de septiembre en las urnas. De ahí que en un ambiente tan tenso, con un país convertido en una segunda Italia, fragmentado en varios partidos incapaces de formar una coalición, la prórroga electoral de Dresde fuera considerada ayer por algunos medios como unos «minicomicios a canciller». Hace un mes nadie en Dresde hubiera soñado con ver a los dos líderes, Schröder y Merkel, en su ciudad, captando votos, como hicieron, visiblemente cansados, el viernes. El problema es que el complicado sistema electoral alemán convierte las elecciones de Dresde en un rompecabezas, y los líderes políticos se las ven y se las desean para explicar a sus votantes la combinación de cruces que tienen que hacer para que el resultado final les beneficie a nivel nacional. Como hicieron sus conciudadanos hace dos semanas, los habitantes de Dresde tienen que emitir dos votos: con el primero eligen a un candidato directo y con el segundo una lista de partido. En el caso del mandato directo, hoy se repite a nivel regional en Dresde el pulso que vivimos desde hace dos semanas en Berlín, entre el candidato de la CDU y su contrincante del SPD. Rayando el absurdo Pero el caso de Dresde raya el absurdo, porque si los democristianos de Merkel ganan más de 41.226 votos, perderían un escaño de los que ya tienen en el Bundestag. La sesuda aritmética electoral germana (dirigida a evitar un parlamento sobredimensionado) permitiría al estado de Sajonia enviar once en vez de diez diputados al Parlamento, en detrimento de Renania del Norte Westfalia, que perdería ese escaño. De ahí que el candidato democristiano, Andreas Lämmel, haya tenido que explicar a los electores que con la primera papeleta debían votarle a él, pero con la segunda a otro partido, y no al que él representa, que es la CDU. Aunque a las seis de la tarde, cuando cierren los colegios y se conozcan los primeros recuentos, sabremos Angela Merkel ha visto ampliar o menguar su exigua ventaja con los votos de Dresde, el que Alemania tenga o no gobierno seguirá dependiendo de la batalla personal que mantiene con Gerhard Schröder. Y de que uno de los dos renuncie a sus aspiraciones de formar Ejecutivo.