Europa muestra su decepción, mientras Washington presiona para que se apliquen sanciones La AIEA decidirá hoy si lleva al régimen de los ayatolás ante el Consejo de Seguridad
08 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Irán reinició ayer sus actividades ultrasensibles en su fábrica de conversión de uranio de Ispahán, pese a que esto podría costarle un grave enfrentamiento diplomático con Occidente. En medio de una gran agitación, técnicos vestidos con trajes especiales serraron la tapadera de un barril de polvo de uranio que luego será vertido en convertidores para ser tratado. «Irán ha reanudado la conversión de uranio bajo el control de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA)», confirmó a los periodistas el vicepresidente de la Organización iraní de la Energía Atómica, Mohamad Saidi. Según la AIEA, Irán no ha esperado a que los inspectores de la agencia terminaran de probar las cámaras de vigilancia instaladas, pero no ha quitado los precintos colocados por inspectores en noviembre pasado para asegurarse de que las máquinas no eran utilizadas. El anuncio suscitó una reacción inmediata de Estados Unidos, el más crítico con el programa iraní, puesto que considera que oculta planes para la fabricación de armas atómicas. Según un responsable del Departamento de Estado, la respuesta «apropiada sería remitir» el caso al Consejo de seguridad de la ONU. Una reunión crucial Ante este panorama, todo apunta a que el Consejo de gobernadores, el Ejecutivo de la AIEA, centrará su reunión de hoy en una posible intervención de la ONU, capacitada para imponer sanciones. Lo más probable es que la AIEA no decida inmediatamente apelar a las Naciones Unidas, sino que dé un primer paso instando a Teherán a suspender sus actividades ultrasensibles. «La decisión es irreversible, incluso si el Consejo de gobernadores decide mañana (por hoy) llevar el expediente iraní ante el Consejo de Seguridad, porque esto no tiene fundamento legal y es contrario al Tratado de No proliferación», dijo Saidi. Teherán se rige por la siguiente lógica: según el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1974, los países firmantes tienen derecho a un «programa nuclear civil». Irán asegura que todas sus instalaciones nucleares tienen objetivos exclusivamente pacíficos. Hasta hace poco, los europeos se oponían a los norteamericanos en cuanto a la intervención de la ONU y preferían una solución negociada. Pero hace unos días, cuando Irán anunció su intención de reiniciar la conversión, decidieron convocar una reunión del Consejo de gobernadores. Francia, Gran Bretaña y Alemania, que integran la troika europea, intentaban desde noviembre convencer a Irán de que renunciase a la conversión y enriquecimiento de uranio, que producen el combustible necesario para el funcionamiento de las centrales nucleares civiles, pero que también pueden servir para fabricar armas nucleares de uso militar. Según el jefe de la diplomacia francesa, Philippe Douste-Blazy, la iniciativa iraní desencadena una «crisis grave» y la comunidad internacional debe estar «unida» frente a este desafío. Londres, por su parte, se mostró extremadamente preocupado y Berlín acusó a Irán de buscar deliberadamente la confrontación. Incluso el director de la AIEA, el egipcio Mohamed el Baradei, calificó de «lamentable» la reanudación de los trabajos en la central nuclear de Ispahán.