Debate en EE.UU. sobre si los doctores vulneraron su código ético Orientaron a los carceleros sobre las fobias y los miedos de los prisioneros para que los explotaran
24 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La base naval de Guantánamo sigue levantando ampollas. Mientras aumentan las voces que piden su cierre, ahora se ha conocido que médicos militares diseñaron técnicas para explotar las fobias y miedos de los 540 presos allí detenidos con el fin de obtener información más precisa en los interrogatorios. Citando como fuentes a «ex interrogadores», el diario The New York Times publicó ayer que psiquiatras y psicólogos del ejército han ayudado a «refinar los interrogatorios coercitivos» de los sospechosos de terrorismo confiados en la base militar desde el 11-S. En concreto, señaló que los médicos, agrupados en los llamados Equipos de Consulta sobre Ciencias de la Conducta, han dado consejos sobre «cómo aumentar los niveles de estrés y aprovechar los miedos y angustias de los prisioneros». Como ejemplo, se menciona el caso de un detenido cuyo historial médico mostraba que tenía fobia a la oscuridad y cómo los médicos explicaron a los interrogadores «maneras en las cuales eso podría manipularse para inducirle a cooperar». En otra ocasión se decidió explotar la «profunda nostalgia» que un preso sentía por su madre para así «ablandarle» en los interrogatorios. La revelación de estas tácticas ha desatado un debate en Estados Unidos en el que se cuestiona si estos médicos han violado el código ético de su profesión. Desde el Pentágono se señaló que los doctores asignados en Guantánamo «no estaban bajo restricciones éticas porque no estaban tratando a pacientes, sino más bien actuaban como científicos de la conducta». La noticia del Times coincide con la publicación en The New England Journal of Medicine el miércoles de un artículo, basado en entrevistas con psiquiatras y psicólogos que trabajaron en la base militar, que ratifica el uso de estas prácticas. Un día antes, cuatro expertos de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU protestaron porque el Gobierno de Bush no les ha permitido visitar la prisión, a pesar de haberlo solicitado desde el 2002. Mientras tanto, el vicepresidente Dick Cheney defendió estas instalaciones y dijo que los prisioneros allí confinados «son muy bien tratados, están bien alimentados y viven en el trópico».