Blair invoca una gran reforma de la UE para afrontar los desafíos

Domingos Sampedro
Domingos Sampedro CORRESPONSAL | BRUSELAS

INTERNACIONAL

Alborota la Eurocámara al definirse como «europeísta apasionado» y hombre de «consenso» Admite que el gasto agrícola comunitario no se puede renegociar «en una noche»

23 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

En capitales como París y Berlín lo señalan como el máximo responsable del fracaso del último Consejo Europeo, pero países como Holanda o Suecia consideran que la salida a la crisis que arrastra la Comunidad pasa por su liderazgo. El primer ministro británico, Tony Blair, convirtió ayer su fulgurante intervención ante el Parlamento Europeo en una llamada al «cambio» y a la «modernización» de las prioridades europeas para afrontar mejor los desafíos de un mundo globalizado. Blair desplegó todas sus cualidades de orador al presentar los objetivos de la presidencia británica de la UE, que arrancará el 1 de julio, en medio de un ambiente que en la víspera había sido calentado por la persona que más lo cuestionó en los últimos días, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, el saliente presidente de la UE. Pero su determinación a «romper caricaturas» y a no convertir el debate europeo en un «intercambio de insultos» hizo que ayer Blair fuese casi tan ovacionado como su predecesor. El inquilino del 10 de Downing Street no tuvo reparos en presentarse como un «europeísta apasionado» que en los últimos ocho años intentó «llegar a un consenso europeo», confesiones que generaron sonados alborotos en la Cámara. Es más, llegó a revelar que votó por primera vez en 1975, en el reférendum sobre la adhesión de Gran Bretaña a la UE, «y voté sí». Europa política Mientras su ministro de Finanzas, Gordon Brown, abogaba el miércoles desde Londres por la desregulación de la economía y el regreso a la Unión del libre mercado, Blair intentó tranquilizar al hemiciclo al afirmar: «Creo en la Europa como un proyecto político, creo en su dimensión social, fuerte y humana. Sencillamente no aceptaré una Europa que sea tan sólo un mercado común», reiteró. Ahora bien, el premier británico considera que plantearse el debate europeo en estos términos, centrado en las dos visiones sobre lo que ha de ser Europa, es erróneo. «No podemos esconder ni evitar el desafío -subrayó-, es el momento de reconocer que a través del cambio puede recuperar Europa sus ideales». Y el cambio, para Blair, pasa por racionalizar el gasto, aunque admite que la política agrícola no se puede «renegociar en una noche», para impulsar la innovación y poder competir con China o India. Crítica y cautela Los eurodiputados acogieron la intervención de Blair entre la crítica y la cautela, quizás a la espera de que el discurso se traduzca en hechos. Como dijeron los socialistas franceses, parafraseando un dicho inglés, «la calidad del pudin se juzga comiéndolo». Más duro de lo habitual, el portavoz del Grupo Popular, el alemán Hans-Gert Pöttering, dijo que «si en sus hechos se pone de manifiesto que quiere una Europa comunitaria, le apoyaremos». El socialista Martin Schulz recriminó que Londres esté «a la cola» del euro o del Acuerdo de Schengen, mientras el liberal británico Graham Watson resaltó que «un discurso no puede cambiar años de sospechas». El verde Daniel Cohn-Bendit, líder del Mayo del 68, también muy crítico con el belicismo británico, Blair le hizo un guiño: «Hace tiempo yo escuchaba sus discursos -dijo- y ahora usted escucha los míos. La historia dirá si esto es progreso».