Confesiones de un «playboy»

María Signo CORRESPONSAL | ROMA

INTERNACIONAL

GUSTAVO CUEVAS

Crónica | Conflicto dimplomático entre Roma y Helsinki El primer ministro italiano bromeó diciendo que había tenido que recurrir a sus dotes de conquistador para arrebatar a la presidenta finlandesa la sede de un organismo de la UE

22 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Seguramente en los países del norte de Europa el sentido del humor latino es muy diferente y por ese motivo Silvio Berlusconi, presidente del Gobierno italiano, se encuentra en medio de un incidente diplomático. La causa está en las polémicas declaraciones realizadas el martes en Parma durante la inauguración de la Agencia Europea de la Alimentación, ceremonia que estuvo presidida por el portugués José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea. Medio en broma, medio en serio, Berlusconi contó que para conseguir que dicho organismo europeo se ubicase en la ciudad italiana de Parma había tenido que «hacer la corte a la presidenta de Finlandia», ya que «cuando se persigue un resultado se deben usar todas las armas». Tanto es así que, según su confesión, «había tenido que sacar a relucir todas sus artes de playboy, ya lejanas en el tiempo». Todo esto en presencia de Barroso, que sonreía con cara de circunstancia. Evidentemente Finlandia no ha acogido con simpatía estas declaraciones. Como consecuencia, ayer el Ministerio de Exteriores del país nórdico convocó en Helsinki al embajador italiano Uho de Mohr para «expresarle la sorpresa del Gobierno finlandés por las afirmaciones del primer ministro italiano en Parma referidas a la presidente de Finlandia, Tarja Halonen». Ya el martes, poco después de la ceremonia, la portavoz de la presidenta finlandesa había declarado que «cuando están por medio decisiones importantes, habría que evitar comentarios sobre el sexo o sobre los playboy». En un principio, la Agencia de la Alimentación había sido concedida a Finlandia donde ya se había empezado a trabajar. Esta decisión no había sido del agrado de los italianos quienes siempre habían deseado que dicho departamento tuviese su sede en Parma y por ello han hecho todo lo posible para que la Unión Europea cambiase la decisión. Berlusconi no paró ahí. Durante la ceremonia incluso se mofó de la dieta finlandesa. «Una agencia alimentaria en Finlandia habría sido inaceptable, una vez estuve en el país y tuve que soportar su dieta», bromeó el magnate. «Naturalmente, no hay comparación con lo que le podemos ofrecer aquí al presidente Barroso, que agradecerá más probar nuestro jamón que el reno ahumado». No es la primera vez que Berlusconi protagoniza una anécdota en la que se ven implicados los presidentes de otros países europeos. Aún ríen los diplomáticos de la Unión Europea al recordar cuando, en octubre del 2002, el líder italiano alabó públicamente la belleza del colega danés Anders Fogh Rasmussen diciendo que se lo presentaría a su mujer, ya que era más guapo que Cacciari, el filósofo y alcalde de Venecia, del que decían era amante de su esposa, Veronica Lario. La última presidencia italiana de la UE ha sido todo un muestrario del peculiar humor berlusconiano y así, durante una difícil cumbre con Alemania, intentando relajar los ánimos, empezó una rueda de prensa preguntando a los periodistas: «¿Por qué no hablamos de mujeres?», al tiempo que se dirigía a Gerhard Schröder, casado en cuatro ocasiones, con un «ayúdame tú que de esto entiendes».