La publicación de ocho libros de texto que pasan por alto los crímenes cometidos por Tokio en la ocupación de China y Corea incendia los ánimos antinipones en Asia
11 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Son sólo ocho libros de texto de Historia para estudiantes de secundaria. El único de ellos que ya vio la luz no llegó a más del 0,1% de las escuelas japoneses, pero han sido suficiente razón para provocar las mayores manifestaciones antiniponas en China y Corea del Sur desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Más de 10.000 chinos se presentaron ante las embajadas de Japón para protestar por lo que consideran «una interpretación inaceptable de los errores históricos cometidos por Japón durante su ocupación de Asia». Entre esas interpretaciones está la descripción de la matanza de Nanking. El 13 de diciembre de 1937, el Ejército japonés tomó la entonces capital china y se sumergió en una ola de asesinatos, saqueos y violaciones. Durante las seis semanas siguientes, más de 300.000 ciudadanos de Nanking y soldados chinos desarmados fueron asesinados. Se estima que se cometieron alrededor de 20.000 violaciones. Uno de los libros de texto aprobados por Tokio se refiere a este episodio como un «incidente». Todos omiten cualquier tipo de recuento de víctimas y se limitan a decir que murió «bastante gente». De los ocho libros publicados sólo uno de ellos hace referencia a las llamadas «mujeres para el confort». 200.000 mujeres, según algunos historiadores, procedentes en su mayoría de Corea y Filipinas (pero también de China e Indonesia), fueron convertidas en esclavas sexuales para el disfrute de los soldados nipones que ocuparon Asia antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Para enfado de Seúl, los textos aseguran además que Corea del Sur ocupa ilegalmente las islas Takeshima, un territorio que se disputan ambos países. Más que libros La mayor parte de estos ocho libros fueron redactados por historiadores nacionalistas japoneses nostálgicos del imperio que abogan por un revisionismo que glorifique el pasado militar nipón. Pero ¿puede un grupo de historiadores provocar ellos solos semejante crisis diplomática? El verdadero problema es que la aparición de estos libros ha venido acompañada por el perfil cada vez más nacionalista de la clase política japonesa. De hecho, otro de los gestos que provocaron las manifestaciones lo protagonizó el propio primer ministro, Junichiro Koizumi, al visitar el mausoleo Yasukuni, donde están enterrados varios criminales de guerra japoneses. Koizumi no sólo no pidió perdón por la visita, sino que dijo que la volvería a repetir. Koizumi, pese a todo, se encuentra entre los moderados, muy alejado de los ultranacionalistas como Shintaro Ishihara, el gobernador de Tokio. Bajo su mandato, 53 profesores fueron sancionados por negarse a cantar (o forzar a sus estudiantes a que lo hicieran) Kimiyago, una canción que es considerada símbolo del militarismo japonés. Ishihara estaba considerado hace unos años como un extremista marginal, pero sus posiciones son ahora ampliamente compartidas, como lo demuestra el hecho de que, con toda probabilidad, Japón volverá a celebrar en breve el día Showa, el aniversario del nacimiento del emperador Hiroito, el «hombre-dios» que condujo a Japón hacia el expansionismo y hacia la Segunda Guerra Mundial, y al que la derecha nacionalista japonesa venera hoy en día como un símbolo. Lucha por la ONU La crisis de los libros de texto viene a sumarse a los cada vez más caldeados ánimos entre Japón y sus vecinos y que ha desembocado en el boicot activo que Corea del Sur patrocina contra las aspiraciones japonesas de ocupar un sillón permanente en el nuevo Consejo de Seguridad que surgirá tras la reforma de la ONU. Seúl se ha aliado con China para impedir que Japón salga reforzada como potencia regional. Japón tiene, sin embargo, el apoyo explícito de Estados Unidos, ratificado por Condoleezza Rice en su última visita, y del bloque formado por Alemania, Brasil y las otras potencias regionales que buscan un sitio en el Consejo de Seguridad.