Sampaio pierde la paciencia

INTERNACIONAL

NACHO DOCE

Análisis | Elecciones anticipadas en Portugal El presidente luso ha tomado la decisión que evitó a toda costa hace cuatro meses: la disolución del Parlamento, que hunde todavía más al país en la crisis económica y política

04 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Lo escribíamos en estas mismas páginas hace cuatro meses: el Gobierno de Pedro Santana Lopes era un Gobierno en «libertad vigilada». Si el presidente de la República portuguesa, Jorge Sampaio, había decidido encargarle gobierno al político del centro-derecha en contra de los intereses de su propio partido (Sampaio es socialista) era tan sólo por un motivo: mantener la estabilidad institucional en un momento de grave crisis económica. Pero las condiciones para mantener el Ejecutivo a flote eran claras: aplicación de las reformas económicas que había iniciado José Manuel Durão Barroso ante de irse a Europa y nada de luchas internas entre el populista Santana Lopes y sus mal avenidos asociados en el poder. No ha resultado así. El Gobierno de Santana Lopes ha sido un permanente alboroto, una comedia de enredo de Gil Vicente. En estos cuatro meses no han dejado de sucederse los encontronazos, los bruscos cambios de timón, las improvisaciones en escena y las luchas intestinas. El último episodio, el que ya ha colmado el vaso de la paciencia de Sampaio, ha sido la dimisión, a tan sólo cuatro días de ser nombrado, del ministro de Deportes, Henrique Chaves, quien hizo mutis además con un virulento monólogo contra el Gabinete. La de Deportes no es, ciertamente, una cartera crucial en ningún gobierno a menos que esté organizando unas Olimpiadas, pero aquí no se trata del papel sino del actor que lo interpreta: Chaves pertenecía al núcleo de confianza de Santana Lopes, con lo que su portazo de salida hace temblar todo el Gobierno como si fuese un decorado de teatro. Y esto es exactamente lo que Santana había advertido que no toleraría: que el Ejectuvio de Portugal se viese salpicado por escándalos políticos que minasen la credibilidad del Estado, pilar de toda la estrategia de recuperación. El resultado es esta «bomba atómica» que dijo que utilizaría llegado el caso: la disolución de la cámara (en la que Santana Lopes había heredado la mayoría lograda antes por Durão Barroso), y la convocatoria de elecciones legislativas en las que, según las encuestas, los socialistas parten como favoritos. Sin corte limpio Pero no ha sido una decisión fácil para Sampaio, ni tampoco la ha ejecutado con un corte limpio. Quizás llevado por un enfado, el presidente hizo su anuncio de disolución sin informar, como es preceptivo, al presidente de la Asamblea portuguesa. El siempre sibilino Santana Lopes asegura que a él, el día antes, le aseguró hasta tres veces (evidentemente, el número es intencionado: las tres negaciones de Pedro) que no le haría caer. Sin duda esto va a ser munición reglamentaria durante la próxima campaña electoral. Larga espera Tampoco puede estar cómodo Sampaio con el tempo de su decisión. Las tortuosas leyes electorales portuguesas obligan a una larga espera de seis meses hasta poder votar. Será un vasto período de crisis para zanjar una crisis, y para colmo en pleno debate sobre la Constitución europea, un asunto quizá más importante para Portugal que para nadie. Por último, si el Partido Socialista va en cabeza en los sondeos es precisamente porque rechaza la política de reformas económicas y austeridad que impulsaba el centro-derecha y que Jorge Sampaio, a pesar de su propia filiación socialista, consideraba indispensables. De hecho, aún hay mucho rencor entre sus correligionarios por su decisión de hace cuatro meses, una decisión que se interpretó en el partido como una traición y que condujo a la dimisión del secretario general Eduardo Ferro Rodrigues y a una crisis que podría reabrirse en cualquier momento, en paralelo a la de sus rivales del centro-derecha.