El modelo de tolerancia de Holanda se rompe debido a la violencia racial

Domingos Sampedro
Domingos Sampedro ENVIADO ESPECIAL | ÁMSTERDAM

INTERNACIONAL

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Los incendios diarios de templos y escuelas mantienen atemorizada a la población Los enfrentamientos se han avivado tras el asesinato del cineasta Theo van Gogh.

13 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

A las pocas horas de concluir el Ramadán, el mes de ayuno de los musulmanes, Holanda almorzaba ayer con las imágenes de una mezquita en llamas tras sufrir un atentado fanático. Esta vez le tocó a la pequeña ciudad de Helden, próxima a la frontera alemana, pero en los días precedentes ocurrió algo parecido en una escuela islámica de Uden, en otra de Eindhoven, así como en varias mezquitas e iglesias de todo el país. La escalada de violencia que se vive en los Países Bajos tras el asesinato del cineasta Theo van Gogh mantiene atemorizada a la población y revienta un modelo de tolerancia que fascinaba al resto del mundo. El barrio de Slotervaart, situado al oeste de Ámsterdam, no ofrece precisamente la estampa más conocida de la capital holandesa. Aquí es casi imposible toparse un cafetería o un local que luzca la bandera multicolor del movimiento gay. Es más bien una sucesión de bloques de viviendas de color aladrillado, llenos de carteles y también de parabólicas para captar las cadenas árabes. Los policías no se pasean por aquí en patinete o en bicicleta, sino en coche y bien armados, e incluso es posible que a su paso se crucen con alguna mujer enterrada de pies a cabeza en la tradicional burka afgana. En este desván de la ciudad es donde vivía Mohamed B., el joven de 26 años que acabó sepultando la inocencia de muchos holandeses, si es que todavía la tenían, tras ser acusado de matar a cuchilladas a Theo van Gogh, el pasado día 2. Desde entonces, las fuerzas del orden se mantienen en alerta y se emplean a fondo en distintas operaciones contra el terrorismo islamista, que ya desembocó en medio centenar de detenciones y el desmantelamiento de un campo de entrenamiento de la guerrilla kurda, situado al sureste del país. Pese a los llamamientos de las autoridades a la calma, la prensa diaria mantiene la tensión dedicando amplios espacios a informar de las acciones antiterroristas. El rotativo liberal NRC Handelsblad publicó ayer que los dos islamistas radicales detenidos hace tres días en La Haya después de atrincherarse en un apartamento pretendían, en realidad, atentar contra dos diputados críticos con el islam. La tensión se palpa en el ambiente a lo largo y ancho de un país que, según la oficina de estadísticas CBS, cuenta con una comunidad musulmana de 945.000 personas, el 6% del total, pero que se acerca al 50% en ciudades como Roterdam o Ámsterdam, convertidas en una especie de polvorines en los que puede ocurrir de todo.