Lukashenko gana un referéndum en medio de múltiples irregularidades

Vasil Márchenko MINSK

INTERNACIONAL

El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, el «último dictador de Europa», como le llaman sus acosados opositores, puede celebrar una doble victoria: una cámara baja del Parlamento aún más dócil y la posibilidad de ser jefe de Estado de por vida. Tales parecen ser los resultados de los comicios legislativos y del referéndum, celebrados ayer y en los que la oposición denunció numerosas irregularidades. El líder de uno de los partidos comunistas, Serguéi Kaliakin, destacó la difusión durante la jornada electoral de las encuestas a pie de urna realizada por medios oficiales y favorables al Gobierno. Dicho sondeo daba un 82% al «sí»y un 14% al «no» en el referéndum. Mientras, un dirigente socialdemócrata, Stanislav Shusckevich, comunicó que ya con la votación en marcha, las autoridades seguían retirando de los comicios a los candidatos opositores. Como resultado, Shusckevich -ex jefe de Estado que junto con Boris Yeltsin y el ucraniano Leonid Kravchuk firmó en 1991 la defunción de la URSS-, afirmó que de 184 candidatos opositores ayer quedaban sólo 106. Además, los líderes opositores expresaron su desconfianza a los observadores de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que están llamados, dijeron, a legitimar el fraude de Lukashenko. Mientras, el secretario ejecutivo de la CEI, Vladímir Rushailo, aseveraba que «la votación ha comenzado a tiempo», saliendo al paso de las denuncias de que ya la noche del sábado había colegios funcionando sin ningún control imparcial. En cuanto a las críticas occidentales del régimen de Lukashenko y de estas elecciones y referéndum en particular, Rushailo indicó que «siempre (en todas partes) se producen infracciones técnicas, pero a veces se politizan». La oposición coincide en que Lukashenko aprendió bien la lección de Stalin, quien decía que «no importa quien vota, si noquién cuenta los votos». El principal problema para Lukashenko era la participación, pues para que sus anhelos del quedaron aprobados necesita el apoyo de más de la mitad del electorado, lo que requería una altísima participación. Para conseguirla, se movilizaron al máximo los recursos: autobuses especiales recogían en horas de trabajo a los empleados de empresas enteras y los llevaban a votar.