Los ataques del Ejército hebreo en el campo de Yabalia, en Gaza, no respetan ni las guarderías ni los centros médicos, atestados de niños heridos por proyectiles
06 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El hospital Alawua del campo de refugiados de Yabalia ha sido atacado durante la madrugada de ayer por las tropas israelíes apostadas a poco más de 200 metros del centro y como todas las noches ha obligado a reunir a todos los niños heridos en la sala de espera. Los impactos de los proyectiles son visibles en la fachada del edificio, en los pasillos, en las habitaciones y hasta en los vehículos de los doctores, sin embargo no han causado víctimas. Las ráfagas de metralleta no cesan y cada media hora se escuchan sordas explosiones. En lugar de la tierna foto de familia, el director del centro, el doctor Manar al Farra, de 58 años, exhibe una variedad de proyectiles israelíes extirpados a los heridos durante la operación militar Días de Penitencia contra el norte de la franja de Gaza. Pedazos de metralla, balas, esquirlas de misiles, gruesos tornillos, extrañas varillas y toda suerte de objetos metálicos distorsionados adornan la mesa de su despacho. «Este es un nuevo cohete que destroza a la gente y esto que véis aquí -explica señalando una especie de barrillo adherido al proyectil- es carne humana. El hombre quedó partido en dos». Después, levanta la varilla y un grueso tornillo de unos 15 centímetros y relata: «La vara la saqué del abdomen de un niño de 11 años. Los israelíes rellenan sus proyectiles con este tipo de metales». El doctor, que estudió medicina en El Cairo, afirma: «Es una barbarie. En mi larga experiencia como doctor en guerras en el Líbano y Jordania nunca he visto algo semejante». Un empleado de la Media Luna Roja, equivalente a la Cruz Roja Internacional, entra con el chaleco antibala y el médico comenta: «Están haciendo un trabajo de héroes. Dos han sido heridos, uno muy grave y otro moderado. Los tanques impiden el paso de las ambulancias y la situación para ellos es extremadamente peligrosa». El hospital Alawua, junto con el de Kamal Adawua y el de Shifa en Gaza, comparten la atención a las víctimas. De los 162 ingresados desde el pasado miércoles, 54 son menores de 16 años, lo que supone el 33% del total. «Recuerdo» Y como botón de muestra enseña el estado de algunos de los pequeños en sus habitaciones. Un bebé de ocho meses yace con una herida de bala en el abdomen. Su madre lo destapa para enseñar su cara. Otro menor, Alí, de 12 años, está solo, ha sido operado ya en tres ocasiones por heridas sufridas en el bajo vientre. El niño saca de la mesilla un frasco «de recuerdo» con un pedazo de su intestino y luego, ofrece bombones. Niños con balas en el muslo, en los brazos, pequeños cuerpos salpicados de esquirlas y en posturas imposibles, difíciles de contemplar. «Disparan contra la cabeza, el corazón y el bajo abdomen, donde es más fácil el derrame interno», comenta el doctor. Cerca del hospital Alawua se encuentra la guardería del campo de refugiados de Yabalia, en plena línea de fuego. El patio ha sido arrasado y la casa adyacente, derribada. El jardín de infancia albergaba a 700 niños. Se trata del barrio Tal al Zatar, al este de Yabalia, la zona más castigada por los militares israelíes. Todas las gentes permanecen en sus casas, porque saben que las tropas están apostadas detrás de la guardería y de la mezquita. Randa al Salja, de 34 años y maestra en Beit Lahia, aguanta con estoicismo las ráfagas y explosiones junto a sus tres hijas. Las cuatro duermen juntas estos días en una habitación interior de la vivienda. Rima, de 10 años, susurra: «Tenemos mucho miedo de lo que pasa en el barrio y cuando oímos los proyectiles, nos acurrucamos entre mi padre y mi madre».