La ayuda externa, vital para Darfur

David Beriain ENVIADO ESPECIAL A SUDÁN

INTERNACIONAL

Las oenegés consideran que la situación en la región es dramática, ya que 1.500.000 desplazados y refugiados dependen de la ayuda externa para su supervivencia.

27 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El pasado sábado el aeropuerto de Jartum estaba sumido en el caos. No por la tormenta de arena que retrasaba el aterrizaje de los vuelos, sino por el nerviosismo de las dos docenas de policías que lo controlaban. Uno de ellos, con un inglés rústico, nos explicó la razón: «El Ejército acaba de evitar un golpe de estado». No era el primero. Sólo en lo que va de mes, el Gobierno islamista sudanés ha declarado haber parado al menos dos intentos de derrocar al régimen de Omar El Bashir. Afuera, sin embargo, no se notaba nada especial. Las calles, estaban atestadas de coches y de gente que iba de un lado a otro sin un propósito aparente. Policías y soldados guardaban los edificios principales de la ciudad con fusiles y ametralladoras, pero eso no es algo de lo que uno pueda extrañarse en frica. A la mañana siguiente, sin embargo, la prensa local (y oficial) se extendía en los detalles citando a fuentes del Gobierno. 300 fusiles Kalashnikov y varios morteros requisados al norte de Jartum, unos 30 detenidos y un culpable: el islamista Hassan Al Turabi, el hombre que abrió las puertas del país a Osama Bin Laden, antiguo ideólogo del régimen, hoy reconvertido en líder de la oposición y en prisión desde hace algunas semanas. Según estos periódicos, los golpistas pretendían secuestrar y matar a al menos 30 miembros del Gobierno y esperaban que las Fuerzas Armadas se les unieran. Iban a volar varios edificios y tomar la radio y la televisión. Es decir, un golpe de estado de libro. Quizás demasiado perfecto para ser real. La situación era, cuando menos, confusa. ¿Había habido un intento de golpe de estado o era un invento del Gobierno para desviar la atención internacional de la crisis de Darfur y justificar el encarcelamiento de miembros de la oposición? Las 200 detenciones que tuvieron lugar en las últimas horas no resolvieron las dudas. El Bashir tiene buenas razones para temer un golpe de estado. De hecho, el suyo es un Gobierno rodeado. Además de la oposición liderada por Al Turabi, se enfrenta a los rebeldes del sur, en una guerra civil entre árabes musulmanes y negros cristianos que se ha cobrado en 20 años casi dos millones de muertos. En febrero del 2003, cuando el Gobierno y los rebeldes del sur llegaron a un acuerdo de paz, estalló la guerra en Darfur. Los dos grupos rebeldes, el SLA (Ejército de Liberación de Sudán, en sus siglas en inglés) y el JEM (Movimiento para la Justicia y la Igualdad), se alzaron en armas para luchar contra la discriminación que sufren los africanos por parte del Gobierno árabe de Jartum y que se remonta a más de doscientos años, cuando los árabes capturaban a los negros y los vendían como esclavos. Iniciaron su ofensiva en las montañas del Jamal Marra y tomaron algunas ciudades. El Gobierno islamista de Jartum respondió armando a las milicias árabes locales, los yanyawids, los guerreros a caballo. Lo que ocurrió después ha aparecido en los periódicos de medio mundo. Los yanyawids tomaron la iniciativa a principios de este año y comenzaron a atacar las aldeas de los africanos ayudados por los bombardeos de la aviación gubernamental. La ofensiva, basada en el terror, ha sido tan efectiva que ha provocado un éxodo masivo de los africanos que huyen despavoridos. El drama continúa «Muchachos, nuevas cifras. Ya son más de 1.400.000 refugiados, 100.000 más que en el último registro». El número sale atragantado de la boca de Paula Claycomb, la portavoz de Unicef en Sudán. Los papeles que describen el drama que vive Darfur se mueven por su oficina en Jartum de mesa en mesa. Cuesta hacerse a la idea. Casi la mitad de la población de Galicia huyendo de los combates, el bombardeo e incendio de las aldeas, escapando de las violaciones y la muerte, en burro y con lo puesto, sin ropa, sin agua, sin comida y refugiándose en lugares donde no la encontrarán. Atrás dejaron a los que no corrieron suficientemente deprisa o los que se quedaron a luchar. 50.000 muertos en los últimos meses. A los que huyeron, les espera un futuro incierto. De ese casi millón y medio de refugiados, la ayuda internacional ha llegado al 75% según las estimaciones más optimistas. Otras dejan esa cifra en poco más de la mitad. «Lo peor de todo es que entre los desplazados internos en Darfur y los que huyeron a Chad tenemos más de un millón y medio de personas cuya supervivencia depende al 100% de la ayuda internacional. Son gente que se alimentaba con sus cultivos. Ahora no tienen donde sembrar. Octubre es la época de la siembra y como no van a sembrar, dependerán de la ayuda durante, al menos, todo este año», dice Esther López de Cruz Roja española en Sudán. La ONU ha exigido al Gobierno de El Bashir que pare los ataques de las milicias árabes, que las desarme y que garantice la vuelta de los africanos. Jartum se ha comprometido a hacerlo, pero lo cierto es que los ataques continúan, los yanyawids se pasean a sus anchas por Darfur y no hace más de dos semanas desde que el Gobierno bombardeó con sus Mig soviéticos dos poblaciones de Darfur. Aún en el supuesto caso de que quisiera parar los ataques, tampoco está claro que pudiera hacerlo. «Va a ser difícil convencer a los yanyawids de que entreguen las armas si no lo hacen antes los rebeldes, porque saben que si se desarman al día siguiente los masacran a todos», comentó a La Voz un responsable de Naciones Unidas. El Bashir depende además de las milicias para controlar un territorio al que no llegan sus fuerzas armadas y que bien podría amenazar con la secesión. El petróleo En medio del drama de Darfur, que Naciones Unidas no ha dudado en calificar como la «crisis humanitaria más grave que atraviesa el mundo», entran además en juego los intereses de las potencias y los países vecinos. Rusia vende los aviones con que el Gobierno bombardea las aldeas y China frena las posibles sanciones a Jartum porque controla cuatro de los seis mayores campos de petróleo del país. Estados Unidos apoya a los rebeldes del sur y a los de Darfur porque quiere un cambio de Gobierno que le dé acceso a los yacimientos. Francia quiere hacer valer su influencia y financia a través de Chad a otro de los grupos rebeldes. Entre semejante maraña de intereses, la guerra en Darfur tiene pinta de ir para largo.