El jefe de bomberos indicó que guardias del centro dispararon contra un miembro del cuerpo Clientes y trabajadores lo acusan de haber cerrado las puertas para evitar el pillaje
02 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Paraguay amaneció ayer conmocionado por el trágico incendio de un supermercado en Asunción que causó, al menos 340 muertos y más de 200 heridos. Ayer se siguieron investigando las causas de la tragedia y la posible implicación del dueño del hipermercado, Juan Pío Paiva, al que numerosos clientes y trabajadores acusaron de bloquear las puertas cuando comenzó el incendio para que no se produjeran robos. El fiscal general del Estado, Oscar Latorre, llegó ayer al lugar de los hechos y dijo que no podía asegurar que las puertas del centro comercial hubieran sido cerradas. Latorre indicó que se intentarían reunir todas las evidencias posibles para poder realizar las imputaciones correspondientes. Por su parte, el fiscal Edgar Sánchez dijo que había indicios claros que demostraban la culpabilidad de Paiva. Una veintena de testigos relataron a la policía que los responsables del local cerraron las puertas para que nadie saliera sin pagar, hecho considerado como el motivo principal de la tragedia, según el fiscal Sánchez. Paiva negó que su personal hubiera bloqueado las salidas y se limitó a señalar que lo ocurrido fue una tragedia. «Fue el humo negro y la rapidez con que el fuego se apoderó del local», afirmó Paiva en el Departamento de Investigaciones de la Policía, donde se encuentra detenido junto a su hijo Daniel. El portavoz del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, Roque González, no coincidió con el propietario del hipermercado pues confirmó que las puertas del edificio estaban cerradas cuando los bomberos llegaron al local. Además, afirmó que personal de seguridad del centro comercial disparó contra un bombero voluntario cuando intentó abrir la entrada principal. Celeste Silva, una de las clientes supervivientes, reveló indignada que un guardia de seguridad del local le pegó para evitar que saliera, tras asustarse al escuchar una explosión y tratar de huir. «Un guardia me pegó con una escopeta para que no saliera», señaló Silva, quien aseguró que apenas se inició el siniestro las puertas del centro comercial se cerraron. Rescate Mientras continúan las declaraciones en contra de Juan Pío Paiva, los bomberos, médicos, policías y militares reiniciaron las labores en medio de un ambiente de nerviosismo por parte de las personas que se acercan para preguntar por sus parientes desaparecidos. El jefe de relaciones públicas de la Policía Nacional informó de que durante todo el día se siguieron sacando cuerpos del patio de comidas, de la carnicería y de los depósitos. Entre los cadáveres rescatados se encuentran los de 14 niños que se encontraban en el sector de juguetería. La mayoría de los muertos no identificados fueron transportados hasta la Comandancia del Ejército, ubicada a 20 manzanas del lugar del siniestro. El resto de los cadáveres fueron ya entregados a sus familiares. Los paraguayos se encuentran muy afectados por el suceso. Su impotencia ante lo ocurrido refleja el inmenso dolor de una población que se volcó en masa para contribuir en la medida de sus posibilidades a ayudar en las tareas de evacuación y asistencia a los heridos que lograron escapar con vida de las llamas y el humo. Taxistas, estudiantes de medicina, personas que se acercaron con su propios vehículos o con bidones, cubos y hasta botellas de agua, movidos por la necesidad de hacer algo inundaron las calles cercanas al centro comercial transformado en una enorme chimenea.