¿Sabotaje o estrategia global?

INTERNACIONAL

MOHAMED MESSARA

Reportaje | Alarma en los mercados por los ataques a oleoductos Los atentados dirigidos a empresas petroleras en Irak y en Arabia responden a objetivos distintos y no a un proyecto común de dañar la economía mundial

19 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Podría decirse que se trata de un torniquete de emergencia para evitar que la economía iraquí se desangre. Para hoy estaba previsto que terminasen las reparaciones en los dos oleoductos principales que conectan los campos petroleros del sur de Irak con el golfo Pérsico. Se esperaba así que el crudo volviese a fluir por esas arterias, después de que dos sabotajes obligasen a suspender el suministro la semana pasada, disparando el temor de las bolsas a una subida del precio del barril. En principio, se trataría tan sólo de poner en funcionamiento el oleoducto más pequeño hoy, mientras que el mayor no estará operativo hasta por lo menos finales de la semana próxima. Ambas líneas de transporte de crudo están conectadas con las terminales de la isla de Faw, donde los superpetroleros llenan sus tanques. Son casi dos millones de barriles al día los que pasan por esa terminal. O pasaban, hasta los sabotajes del lunes y el martes. Confianza Pero esté o no finalizada la reparación la semana próxima, la confianza de los mercados se ha visto ya sacudida. Como es sabido, Irak posee las segundas mayores reservas de petróleo del mundo, después de Arabia Saudí, y la acumulación de incidentes en las líneas de suministro ha hecho subir ligeramente el precio, sobre todo al coincidir con una huelga de los trabajadores del sector del crudo en Noruega. Las cosas parecían camino de estabilizarse ayer, pero la recurrencia de estos ataques, y el hecho de que hayan coincidido en el mismo mes con otros aparentemente similares en Arabia Saudí, ha llevado a algunos medios a especular con la posibilidad de que estemos ante una estrategia global cuidadosamente diseñada para dañar a la economía mundial. Estos temores se apoyan también en alguna vaga alusión de Bin Laden, en una de sus famosas intervenciones en diferido, a la riqueza del petróleo y su utilidad como arma. ¿Es esta una posibilidad real? La sospecha es, de momento, poco sólida. Para empezar, por la distinta naturaleza de los ataques en uno y otro país. Los ataques contra el mundo de petróleo saudí, que sí son probablemente obra de grupos afines a Osama bin Laden (o al menos a su ideología) no parecen tener como objetivo dañar la industria petrolera como tal. En realidad son acciones xenófobas que buscan aterrorizar a los millones de trabajadores extranjeros que residen en el país (entre ellos hay más de 30.000 estadounidenses), a los que los fanáticos islamistas culpan de la corrupción de su clase dirigente. Así, el ataque que hace algunas semanas causó 22 muertos en la ciudad petrolera de Khobar fue más bien un secuestro colectivo que un sabotaje del suministro. Tuvo, ciertamente, un efecto directo sobre el precio del petróleo, porque asustó a los mercados, pero resultó ser un efecto pasajero. Aunque también se ha comentado con preocupación la posibilidad de un «megaatentado» contra la industria del crudo saudí que colapsaría la economía mundial, de momento esto es una mera hipótesis catastrofista. El caso iraquí es claramente diferente. Aunque el presidente interino, Iyad Alawi, culpaba de los sabotajes de la semana pasada a «terroristas y combatientes extranjeros», todos los indicios apuntan a que aquellos serían más bien obra de la resistencia, probablemente la de filiación baazista o pro Sadam. La economía iraquí depende en un 90% del petróleo, por lo que resulta lógico para un movimiento insurgente que pretende paralizar el país dirigir hacia ahí sus ataques. De hecho, se calcula que en los más de cien actos de sabotaje registrados en los últimos siete meses, Irak ha visto escabullirse por las grietas de sus oleoductos más de 166 millones de euros. Sin ese petróleo, el nuevo Gobierno instalado por las fuerzas de ocupación tiene pocas posibilidades de salir adelante. Podría ser incluso que muchos de los ataques no tuviesen ni siquiera esa intención y ser, simplemente, obra de los clanes locales. Estos clanes cobraban al antiguo régimen de Sadam Huseín un «impuesto de protección» mafioso por no dañar los oleoductos que atraviesan su territorio, un impuesto que, al parecer, han querido ahorrarse las fuerzas de ocupación. La temporada del crudo Pero se trate de una estrategia global o no, lo cierto es que, por lo que respecta a la economía internacional, el resultado podría acabar siendo el mismo. Los expertos temen sobre todo al mes de octubre (considerado el comienzo de la «temporada del petróleo»), durante el que una serie de sabotajes podría reducir drásticamente el suministro. Aunque la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC) ya ha descontado esta posibilidad y está lista para aumentar su producción y compensar así la pérdida de petróleo iraquí, esta solución lo sería sólo por un período corto de tiempo. Después de eso, una nueva hemorragia en los oleoductos podría ser fatal, y no sólo para el paciente. Quizá también para el médico.