Un militar argentino cuenta sus crímenes para lograr ascender
INTERNACIONAL
Es el primer oficial en activo que hace públicas sus atrocidades El teniente coronel Bruno Laborda, ahora detenido, alegó ejecuciones como méritos
09 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Una nueva página del horror que vivió Argentina durante la última dictadura militar salió a la luz con la declaración escrita que presentó el teniente coronel Guillermo Enrique Bruno Laborda (50), que se convierte así en el primer oficial en activo que hace pública su participación en la represión y asesinato de prisioneros durante el mandato del golpista Jorge Videla. Todos los episodios narrados por el ahora detenido ocurrieron en una guarnición militar de la provincia de Córdoba entre 1977 y mediados de 1979. El pasado 10 de mayo, Laborda presentó a sus superiores un escrito con la detallada confesión de los hechos en los que fue protagonista, a la vez que pedía se reconsiderara la calificación que lo había declarado no apto para ascender a coronel. El militar argumentó que esos crímenes eran en realidad méritos militares que no se valoraron debidamente al calificarlo y evaluar su legajo. Su primera participación activa fue en 1977, recién convertido en subteniente, y que describe así: «Me tocó intervenir activamente en la eliminación física de un guerrillero acusado y condenado, aunque nunca supe por quién. Con la presencia del jefe de batallón, la plana mayor, jefes de compañía y oficiales, dimos muerte al supuesto asesino y terrorista». El relato detalla que la ejecución se realizó con más de 30 balas de fusil ametralladora que destrozaron el cuerpo del hombre arrodillado y con los ojos vendados. «Luego los oficiales más jóvenes arrojaron el cuerpo a un pozo, lo quemaron, lo cubrieron con tierra y disimularon el lugar». Quizás el hecho más terrible de los narrados por Bruno Laborda como «actos heroicos», sea el ocurrido en 1978 cuando con otro oficial joven llevó en una ambulancia a una mujer que el día anterior había dado a luz, desde el Hospital Militar Córdoba hasta el campo de la guarnición, y que había sido condenada a muerte por actos de sabotaje en el campeonato Mundial de Fútbol. «Lo más traumático» El militar escribió: «Fue lo más traumático que me tocó sentir en mi vida. La desesperación, el llanto continuo, el hedor propio de la adrenalina que emana de aquellos que presienten su final, sus gritos desesperados implorando que si realmente éramos cristianos le juráramos que no la íbamos a matar fue lo más patético, angustiante y triste que sentí en la vida y que jamás pude olvidar». Y añade que por órdenes del jefe de la unidad, el entonces teniente coronel Solari, la fusilaron, arrodillada y con los ojos vendados. «Su sangre, a pesar de la distancia nos salpicó a todos. Luego siguió el rito de la quema del cadáver, el olor insoportable de la carne quemada y la sepultura disimulada propia de un animal infectado. Nunca supe el destino del niño o niña». Otro «acto de combate» que narra es el fusilamiento de cuatro hombres. La titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, y otros miembros de organismos de defensa de derechos humanos pidieron al Gobierno que se investigue la identidad de los asesinados y el destino de los bebés desaparecidos.