«Jóvenes, aunque muy preparados»

La Voz

INTERNACIONAL

Los estudiantes eslovenos dominan varias lenguas y están acostumbrados a mirar al exterior. Empresarios de Alemania, Italia y otros países se los «rifan».

27 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«Las naciones pequeñas siempre pensamos que lo mejor está fuera. Ahora ganaremos confianza, veremos que fuera todo está igual». Nikola Pavesic es experto en Teoría de la Información y Codificación y da clases en la facultad de Tecnología de Liubliana, la capital eslovena. Pero su experiencia no acaba en las fronteras de su país: también fue profesor en Alemania, durante dos años; Italia, por trece meses, y pasó, en periodos más breves, por universidades de Londres y París. Este amplio currículo le permite asegurar que «nuestros jóvenes están, por lo menos, al mismo nivel que los de las grandes capitales europeas». En algunos terrenos, la condición de nación pequeña, en cuanto a dimensiones y número de habitantes, tiene sus ventajas: «Aquí los estudiantes tienen un dominio de idiomas que no tienen los de fuera. Acostumbrados a mirarnos en el extranjero, muchos eslovenos dominan varias lenguas», reflexiona Pavesic. Y tiene razón; en las calles de Liublana casi todo el mundo comprende el inglés y muchos se defienden perfectamente en alemán o italiano. Sin duda, es a este tipo de trabajadores a los que se refería el informe de la Fundación Europea para la Formación que en febrero advertía que los inmigrantes que lleguen a los veteranos países de la UE procedentes de los nuevos miembros serán sobre todo «jóvenes, solteros y bien preparados». Las restricciones a la libre circulación de trabajadores impedirán, al menos durante un tiempo, aportar sus valiosos conocimientos a gente como Klemen Kersnic o Tina Zaptlnik. Ambos estudian el segundo curso de Informática (su facultad comparte espacio con la de Tecnología) y mientras hablan dejan de atender, por un momento, al ordenador personal en el que preparan un trabajo. Lo hacen en la sala de acceso a las aulas, que está dotada con las conexiones necesarias para que la pareja y otras dos más que ocupan las mesas de sus lados puedan ultimar sus proyectos sin problemas. «Claro que nos gustaría salir fuera. Aquí las cosas están bien y para estudiantes de carreras como la nuestra hay bastante trabajo, pero se trata de aprovechar todas las oportunidades», comenta Kresnic. Su compañera incide en que «para los eslovenos resulta interesante simplemente el salir a estudiar algún curso a otros países, poder conocer otras culturas y, si el sitio te gusta y encuentras un empleo, entonces eso también está bien. Sin embargo, a los jóvenes de otros lugares les frena el idioma a la hora de venir a prepararse aquí. Es una pena, pero ¿quién va a querer estudiar esloveno?». Unos pisos más arriba se multiplican los laboratorios y las salas de investigación. Entre un departamento y otro, las facultades exhiben sus trofeos. En una vitrina, ocho copas recuerdan los recientes éxitos en el campeonato europeo de fútbol de robots, que en el 2002 se desarrollo en Budapest y el año pasado en Liubliana. Uno de los estudiantes de último año de Tecnología, Roman Ojstersek, afirma que en su facultad «se están ultimando numerosos proyectos con fondos comunitarios. Aquí se desarrollan varios programas educativos de ámbito europeo. Nuestro nivel es muy alto». Traslado de fábricas Eso ya lo han apreciado varias empresas que han empezado a llamar a las puertas de estos estudiantes y que planean trasladar sus fábricas a varios de los países protagonistas de la adhesión. Por supuesto, tras esta última iniciativa se esconden motivos fiscales -gobiernos como el alemán ya han mostrado su enojo-, pero es innegable el hecho de que las compañías encontrarán gente sobradamente preparada en sus nuevos campos de negocio. «En poco tiempo, quienes han impuesto el veto a nuestros obreros se darán cuenta del error», asegura el profesor Pavesic. Pero hasta que ese día llegue, lo cierto es que las normas de los ya socios de la UE perjudicarán sensiblemente a algunos de los que se sumarán el 1 de mayo (las restricciones no afectan a Malta y Chipre) y eso no hace ninguna gracia al Gobierno de Liubliana. Su embajador en Madrid lamentaba hace poco la «amenaza contra los valores democráticos» que, a su juicio, suponen las restricciones, y recordaba que «España ya sufrió en su momento estas barreras». Sin embargo, los límites fijados para los trabajadores no existen a la hora de hacer negocio y no se ponen tantos problemas a las empresas eslovenas que se implantan en territorio español. La más importante, una firma de fundas para automóviles de lujo ubicada en Vigo, emplea a unas doscientas personas. MAÑANA, MALTA: «EL NUEVO HERMANO PEQUEÑO DE LA UNIÓN EUROPEA»