Mañana se celebra el día internacional dedicado por la ONU para reflexionar sobre la masacre Doscientos restos de cadáveres fueron hallados la semana pasada en una fosa común en la capital
05 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Ruanda ultima los preparativos para los ceremoniales que conmemorarán en los próximos días diez años del genocidio en el que murieron más de medio millón de personas. En el Memorial Nacional del Genocidio de Gisozi, que será inaugurado mañana, en presencia de jefes de Estado africanos y representantes de la diplomacia internacional, un centenar de personas trabajan día y noche. El memorial, compuesto de una exposición permanente sobre el genocidio, un jardín para la reflexión y varias hileras de tumbas colectivas en las que se prevé reposen los restos de las cerca de 250.000 personas que perdieron la vida sólo en la capital, Kigali, fue ayer visitado por un centenar de supervivientes. «Yo aún no he podido enterrar a mi familia», dice Olive Mukanyamurasa, de 26 años, que perdió a su padre y tres hermanos en las masacres, «pero me reconforta ver estas tumbas y saber que los restos de miles de personas ya no están en letrinas o tirados en cualquier lugar». La exhibición incluye fotografías, vídeos y documentos con la historia del país desde la época como colonia belga hasta la actualidad. Nuevos restos Mientras, continúan apareciendo fosas comunes repletas de cadáveres. Al memorial de Gisozi serán llevados el 9 de abril para un entierro digno los restos de doscientos cuerpos hallados la semana pasada en una fosa común en el barrio de Nyamirambo, en la capital. Junto al juzgado, decenas de personas han venido para limpiar y adecentar los restos. «Se refugiaron en la iglesia de Saint André y, aunque el párroco negoció su traslado a un lugar seguro, las milicias les atacaron durante el viaje, les llevaron a los fondos de una casa y los mataron», explica Jeanne Mukazayire. Fue la única superviviente de esa matanza, Emma Mukamusona, quien señaló dónde se hallaba la fosa común cuando regresó al barrio hace años. «Pero hasta hoy no había medios para desenterrarlos», explica Mukamusona, cuya tía y sobrino se encuentran entre las víctimas de Saint André. Joceline Umuhoza, de 30 años, afirma que ha reconocido el cadáver de su madre. «Lo sé por la dentadura, pero también hemos encontrado su collar y sus pulseras», dice la joven, quien añade: «No me siento mejor, pero sí me quedo más tranquila por haberla encontrado». «No pasa un día en el que no pensemos en lo que pasó», dice Mukamusona mientras sostiene con guantes de látex blancos un cráneo que muestra el corte de una herida de machete. El genocidio ruandés comenzó horas después de la muerte, el 6 de abril de 1994, del presidente Juvenal Habyarimana, cuyo avión fue derribado cuando se aproximaba al aeropuerto de Kigali. Desde entonces y a lo largo de tres meses, 937.000 tutsis y hutus políticamente moderados, según el último censo del Gobierno, fueron masacrados, con machetes y armas de fuego, por milicias, soldados del Ejército y la propia población civil, alentada por la radio extremista Mil Colinas y por líderes locales. El 7 de abril ha sido declarado por la ONU Día Internacional para la reflexión sobre el genocidio.