El plan migratorio de Bush está por debajo de las expectativas de Fox

La Voz COLPISA | MÉXICO

INTERNACIONAL

La propuesta recibe críticas de republicanos, demócratas y sindicalistas estadounidenses Los analistas auguran que el Congreso no aprobará este año la ley

08 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

La nueva ley migratoria de George W. Bush es «un primer paso importante» aunque sigue «por debajo de las expectativas» del presidente de México, Vicente Fox. Se calcula que en Estados Unidos hay entre 8 y 12 millones de ilegales, de los cuales la mitad son mexicanos, según datos oficiales. Fox recomendó ayer cautela a sus conciudadanos, a los que Bush prometió trabajo, durante un máximo de tres años, en los empleos que rechacen norteamericanos. A diez meses de las elecciones presidenciales, algunos tachan la medida de «electoralista», otros la consideran «económicamente beneficiosa» para el país. Fox, que discutió la propuesta por teléfono con Bush y personalmente con William Frist, líder de los republicanos en el Senado, se mostró cauto y afirmó que la reforma migratoria propuesta el miércoles todavía tiene que ser aprobada por el Congreso de EE.?UU. Su ministro de Exteriores, Luis Ernesto Derbez, aseguró que insistirá en lo que su país busca: «Un programa total e integral que respete los derechos humanos y laborales de los inmigrantes». El programa de Bush supone un importante cambio de rumbo en la política migratoria de Washington, ya que permitirá dar residencia legal temporal a muchos de los extranjeros sin papeles. Aunque, tendrán que pagar una cuota y demostrar que tienen un empleo estable. «Por sentido común y justicia, nuestras leyes deberían permitir que los trabajadores vengan a nuestro país a trabajar en empleos que los estadounidenses no quieren», dijo el presidente. Serían las primeras medidas de su Administración en inmigración y la reforma más importante en esa cuestión en los últimos quince años. Medidas electoralistas A diez meses de las elecciones, la medida se interpreta como un intento del Gobierno de ganarse la simpatía de los votantes hispanos, crucial para garantizar la reelección de George W. Bush, y al segmento más conservador, que considera injusto garantizar la residencia permanente a personas que han entrado al país de forma ilegal, ya que sería darles un premio y perjudicar a la mano de obra nacional. Para los inmigrantes, la medida se queda muy corta respecto a la amnistía general que ofreció Ronald Reagan en 1986 y que benefició a 2,5 millones de personas. De todas formas, será el Congreso quien reglamente el plan y lo convierta en ley. Según los analistas, el ambiente preelectoral y las fuertes reacciones, de apoyo y rechazo impiden augurar una aprobación este año. El debate amenaza con fracturar a los republicanos, según admitió un alto miembro de ese partido. Y un legislador demócrata avanzó que en su partido el apoyo será grande pero no unánime. Para la principal agrupación sindical del país, el plan «crea una subclase permanente de trabajadores que no podrán participar en la democracia».