La Europa de los Veinticinco fracasa en su intento de tener una Constitución
INTERNACIONAL
Francia y Alemania responsabilizan a Polonia y España de la imposibilidad de llegar a un consenso Berlusconi presentó cuatro propuestas para obrar el «milagro» del acuerdo.
13 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, confió a «un milagro» la posibilidad de llegar a un consenso para regalarle a los europeos su primera Constitución, pero ayer no se obró milagro alguno en Bruselas. Los líderes comunitarios fracasaron estrepitosamente en su intento de repartirse el poder que tendrá cada país en una gran Europa ampliada a 25 estados, algo de que lo que españoles y polacos, por un lado, y franceses y alemanes, por el otro, se responsabilizaron mutuamente. «No creo que convenga hablar de responsabilidades», imploró Berlusconi con un visible gesto de agotamiento, no en vano admitió que nunca en su vida había trabajado tanto como en los últimos cuatro meses. «Me voy contento de quitarme esto de encima», dijo a modo de despedida como presidente de la Unión Europea. La posibilidad de las que negociación fracasara «era un escenario posible», recordó el presidente español, José María Aznar, que en tres ocasiones distintas tuvo que repetir ante los periodistas que no señalaría «a nadie con el dedo» para culparle de lo ocurrido. El mandatario francés, Jacques Chirac, también argumentó que «no es un drama» que se aparcase el debate constitucional. Hasta cuatro propuestas En cualquier caso, la presidencia italiana se esforzó ayer por la mañana en presentar varias propuestas a las delegaciones para dar con la solución. Por momentos incluso parecía que el acuerdo estaba próximo, sobre todo cuando Berlusconi propuso modificar ligeramente los porcentajes del sistema de doble mayoría, de tal forma que las decisiones de la UE podrían adoptarse con el apoyo del 55% de los países que representasen al menos al 65% de la población, una solución que fue aceptada por España, ya que le daría estatus de país grande, pero que Francia y Polonia se encargaron de malograr. La presidencia todavía hizo varios intentos más, proponiendo aprobar toda la Constitución, reservando para más adelante el delicado asunto del reparto de poder, algo que Alemania, que desea que se le reconozca un peso acorde a su población, rechazó de raíz. Otra solución pasaba por modificar el Tratado de Niza, dándole más poder a Berlín y un poco menos a Madrid y a Varsovia, algo que ni Aznar ni el polaco Miller asumirían, y todavía se propuso aprobar una doble mayoría algo menos ventajosa para España, pero retrasando su aplicación al 2014. Fuentes diplomáticas culparon a Polonia del bloqueo a la Constitución europea «El problema no era España, sino Polonia que dijo al final Niza, Niza, Niza», afirmaron.