Durante su estancia, el presidente y Blair concretarán el nuevo plan para la posguerra iraquí El alcalde de Londres se queja del alto coste de la visita, 8,5 millones
18 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Pasadas las ocho y media de la tarde el Air Force One tomó tierra en el aeropuerto de Heathrow, iniciando la visita más compleja y complicada que ha realizado un presidente estadounidense a un país europeo en las últimas décadas. En la pista, George W. Bush y su mujer Laura fueron recibidos por el príncipe de Gales, y desde allí se desplazaron en el helicóptero Marine One hasta el palacio de Buckingham, donde fueron recibidos en privado por la reina y el duque de Edimburgo. Las estrictas medidas de seguridad ?14.000 policías con un coste superior a los 8,5 millones de euros? no impidió que anoche varios grupos de manifestantes le recibieran frente al palacio, haciendo con sus cuerpos la frase «vete a casa. Además, la noche anterior una veterana pacifista, Lindis Percy, de 61 años, se encaramó a las verjas de Buckingham, desplegando una bandera americana en la que recordaba que Bush no era bienvenido. Aunque se esperan multitudinarias protestas en Londres por la presencia de George W. Bush, ayer The Guardian publicaba una encuesta según la cual el 43% de los británicos ven positiva la visita del presidente norteamericano. En realidad la visita oficial comenzará hoy, cuando Bush se encuentre con el líder de la oposición, el conservador Michael Howard, y el dirigente liberal demócrata, Charles Kennedy, y se reúna con familiares de las víctimas británicas del 11-S, antes de atender a un banquete oficial de Isabel II. Malestar político El malestar por la llegada de Bush también se ha dejado sentir en el estamento político. Por este motivo, el Gobierno de Tony Blair no ha considerado acertado que su anfitrión visite el Parlamento, ya que podría ser recibido con abucheos o incluso sufrir el boicot de los diputados opuestos a la invasión de Irak. El propio alcalde de Londres, Ken Livingstone, tras quejarse por el coste que la visita tendrá entre los contribuyentes, calificó a Bush como «el hombre más peligroso del planeta» y dijo que incluso si se lo piden no le estrechará la mano. La visita no deja de ser un mal trago tanto para Bush como para Blair, ya que se produce en medio del caos que vive la posguerra iraquí y el creciente malestar en las sociedades americana y británica. Cuando se planificó esta visita se pensaba que la guerra sería un éxito y que los dos líderes serían vistos como los estadistas que habían plantado cara al terrorismo internacional. Nada más lejos de la realidad. Por eso, durante su estancia, Bush y Tony Blair discutirán un nuevo plan de seguridad en Irak, que en días previos han perfilado representantes políticos y militares de ambos países. La presentación en detalle de una solución al problema iraquí justificaría la insistencia de Downing Street de que éste es el momento oportuno para la visita de Bush. «Blair reconoce la importancia de las relaciones especiales con EE.UU. y destaca el compromiso para devolver la democracia a Irak», dijo un portavoz. Según fuentes británicas, no habrá aumento de tropas ocupantes, aunque el proceso de «iraquización» ?mediante el despliegue de fuerzas locales? hará que aumente el número de fuerzas de seguridad.