El ex presidente pide que la OTAN tome el mando en Irak con apoyo de la ONU Marcó distancias con la política de Bush, cuya amistad con Aznar no le extraña
02 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Bill Clinton abogó ayer, tras el mortífero atentado de ayer en Irak, por «internacionalizar» el conflicto, poniendo las operaciones bajo mando de la OTAN, con la autorización de las Naciones Unidas. El ex presidente estadounidense aseguró que de esta forma se podría reducir la presencia de tropas de EE.?UU. y lograr el apoyo de los países que «se opusieron más al calendario que a la misma intervención». Pero se mostró contrario a la retirada norteamericana, «porque ya hemos contraído un compromiso de futuro con los iraquíes». Aunque manifestó que «nunca hemos sido una potencia ocupante y no vamos a empezar a serlo ahora». Clinton no se limitó a criticar, sin nombrarla, la política unilateral de su sucesor, George W. Bush, en Irak, sino que también pidió un «esfuerzo más agresivo» en Afganistán, donde se refugian miembros de Al Qaida, «que fueron los responsables del 11-S». Marcado distancias con Bush, dijo: «No podemos matar, ocupar y encarcelar a todos nuestros adversarios». Y añadió que «si Estados Unidos colabora en luchar contra la pobreza y el sida, por la escolarización de los niños, estaremos construyendo un mundo mejor con menos terror». El anterior inquilino de la Casa Blanca afirmó que era partidario de haber dado más tiempo al jefe de los inspectores de la ONU, Hans Blix, para que terminara su trabajo antes de atacar a Sadam Huseín. Al ser preguntado por la estrecha relación de Aznar con Bush, respondió que cuando él era presidente «España fue un gran aliado, no es algo nuevo». En su opinión Estados Unidos, Gran Bretaña y España deben estar en el mismo lado que Francia, Alemania y Rusia. Clinton participó en la II Asamblea del Club de Madrid, que acabó ayer con un llamamiento hecho público por su presidente, el brasileño Fernando Enrique Cardoso, a la democratización del Fondo Monetario Internacional (FMI), para que dé más peso a los países emergentes, que tienen menos votos de los que debería corresponderles por su potencia económica y su población. Bill Clinton afirmó que no se puede esperar que el FMI acabe con la pobreza y la desigualdad, «eso les corresponde a los países desarrollados».