La salud de Blair abre interrogantes sobre su permanencia en el poder

Manuel Allende CORRESPONSAL | LONDRES

INTERNACIONAL

Ayer anuló su comparecencia parlamentaria El Gobierno resta importancia a la arritmia cardíaca sufrida por el primer ministro

20 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Tony Blair regresó ayer a Downing Street «aunque no trabajará a un ritmo normal de trabajo», según un portavoz de la vivienda oficial del primer ministro británico. El reposo de 24 horas impuesto por los médicos le obligó a anular su comparecencia ante la Cámara de los Comunes para informar de la última cumbre europea. Aunque desde el Gobierno se ha querido restar importancia a la arritmia cardíaca que sufrió el domingo, lo cierto es que lo sucedido es un aviso ante su frenético ritmo de trabajo. Es la primera vez que el estado de salud de un jefe de Gobierno es noticia en el Reino Unido en muchos años, motivo por el que los medios de comunicación del país se han volcado en explicar al público el tipo de malestar que ha sufrido -una taquicardia supraventricular-, y el motivo de que a sus 50 años haya sufrido ese problema cardíaco -el estrés-. Algunos diarios iban más lejos como The Times y se preguntaba en portada «¿Por cuánto tiempo más seguirá Blair como primer ministro?». Desacuerdo El domingo, Blair se encontraba en su residencia de campo de Chequers, despachando con normalidad sus asuntos, cuando sintió un agudo dolor en el pecho y comenzó a tener problemas para respirar, al tiempo que se le disparaba el ritmo cardíaco. Inmediatamente fue ingresado en el hospital de Stoke Mandeville, y después en el centro londinense de Hammersmith. Allí fue sedado durante 20 minutos y tratado con un electroshock ligero que hace que el corazón vuelva a latir con normalidad. Los cardiólogos se dividían entre los que opinaban que el primer ministro no tiene por qué volver a tener problemas de corazón y otros que aconsejan que recorte su ritmo de trabajo para no sufrir mayores sustos. Lo cierto es que el enorme volumen de trabajo derivado de la guerra de Irak, con el electorado y parte de su partido en su contra y con el caso Kelly de fondo, ha llevado a Tony Blair a vivir en un constante estrés.