Reportaje | Los rivales de Kadirov fueron apartados del proceso y, según un informe del propio Ministerio de Interior ruso, se recurrió incluso a la extorsión y a la violencia
04 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Los chechenos que se tomen la molestia de votar hoy no lo tendrán muy difícil a la hora de elegir. Prácticamente el único nombre que encontrarán en las papeletas será el de Ahmed Kadirov, el candidato de Vladimir Putin y actual jefe de la Administración Provisional de Chechenia. El Kremlin ya ha manifestado su poyo sin tapujos a este ex guerrillero separatista reconvertido en valedor de las tesis de Moscú. Sus rivales, los que podían hacerle sombra, han sido sistemáticamente sacados de la carrera electoral: unos por tecnicismos electorales dudosos, otros por «razones personales» y otros porque, de repente, recibieron ofertas de trabajo millonarias en Moscú. De hecho, un informe confidencial elaborado por el propio ministerio ruso de Interior señala que Kadirov ha recurrido a la «extorsión sistemática» y a la violencia para apartar a los demás candidatos. El dosier, desvelado el viernes por el Instituto de Estudios sobre la Paz y la Guerra de Londres, fue elaborado por un coronel especialmente enviado a Chechenia el año pasado, identificado como «A. Zhizhin». En el informe se expone «una imagen escalofriante de la república, como un lugar en el que la vida es barata, la violencia universal y donde los hombres armados que apoyan o se oponen a Moscú actúan con la misma brutalidad». El documento señala además que, a pesar de lo que diga el Kremlin, la república caucásica está muy lejos de estar pacificada. Esta información, a buen seguro, no habrá hecho mucha gracia a Putin, que confiaba en declarar victoria sobre los independentistas tras el proceso electoral y sacar de Chechenia sus tropas lo antes posible. Nadie se lo cree, pero es lo que se le ha ocurrido el presidente ruso para acabar con la sangría que sufre el Ejército en el Cáucaso, dejando apenas una guarnición. Hace tres años, Mocú anunció que comenzaba un último esfuerzo para acabar con los 2.000 guerrilleros que mantenían la lucha. En los últimos meses ha repetido el mensaje, sólo que ahora los milicianos son 3.000 y controlan amplias zonas de territorio y han extendido el conflicto a las regiones vecinas de Inghusetia y llevado periódicamente el pánico a las calles de Moscú. El plan de Putin se parece a lo que intentaron hacer los norteamericanos cuando Vietnam empezó a ser una pesadilla. Los resultados son conocidos.