Flema británica para los malos tiempos

Ingrid Bazinet LONDRES

INTERNACIONAL

Crónica | La puesta en escena del primer ministro Pese a que un tercio de la población del país vería con buenos ojos su dimisión, Blair capeó relajado su gran temporal político

28 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Relajado, en voz baja pero firme, el primer ministro británico Tony Blair justificó ayer punto por punto su actuación en la investigación sobre el aparente suicidio del experto gubernamental David Kelly al prestar declaración ante el juez, pero no resultó completamente convincente para el público presente en la sala. Al ofrecer testimonio durante casi dos horas y media ante el equipo del juez Brian Hutton, el jefe del Gobierno del Reino Unido, que llevaba puesto un traje oscuro y una discreta corbata de lunares, utilizó sus dotes de orador y dio la impresión en todo momento de que controlaba la situación. Su testimonio se sucedió sin sobresaltos y el comportamiento del primer ministro reforzaba la sensación de que era dueño de sí mismo: se quitaba y ponía sus gafas, cruzaba y descruzaba sus manos, se explicaba sin alzar la voz. Criticó a la radiotelevisión pública BBC. «Deberían de haber reconocido que todo era falso», afirmó. «El informe de la BBC era completamente absurdo», dijo. Algunas dudas Sin embargo, Blair, abogado de profesión, dudaba de vez en cuando rebuscando entre sus notas cuando uno de los asesores del juez, James Dingemans, le preguntó cuándo se dio a conocer el nombre del experto a la prensa. En varias ocasiones, dijo que no recordaba en qué momento había oído el nombre de David Kelly ni cuándo se decidió divulgarlo a las comisiones parlamentarias. Poco antes de la una de la tarde, Dingemans dio por concluida la audiencia. «¿Hay algo sobre las circunstancias de la muerte del doctor Kelly que usted pueda añadir para ayudar a la Corte», preguntó, casi a modo de despedida. «No, no creo», respondió Blair. Dudó un instante, guardó sus gafas, se arregló el nudo de su corbata y salió de la pequeña sala en la que se encontraban 36 abogados y estenógrafos, así como un buen número de periodistas acreditados. Resumiendo la sensación del escaso público al que se le permitió acceder al recinto, Kela Dikibo, de 28 años y asistente a la sesión desde las gradas, estimó que el primer ministro había estado «globalmente impresionante, muy tranquilo». «Es persuasivo pero no creo que nos haya dicho todo hoy», agregó. El mundo entero esperaba ansioso el testimonio, sobre todo después de que el miércoles, el ministro de Defensa, Geoff Hoon, asegurara que las decisiones más importantes del caso Kelly se habían tomado en las dependencias de Downing Street. Una de las últimas encuestas sobre el suceso señalaba que un tercio de la población vería adecuada la dimisión de Blair. El primer ministro acudió ayer a declarar con ese peso sobre su espalda y lo cierto es que salió bastante bien parado del envite.