Los diamantes de la guerra

Gonzalo Pita REDACCIÓN

INTERNACIONAL

CHRISTINE NESBITT

Liberia, Congo, Sierra Leona... Los diamantes financian las guerras más cruentas de África. Para evitarlo se ha impulsado el proceso Kimberley, que certifica la procedencia de las piedras preciosas

17 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Más de una docena de países africanos están en guerra, la renta per cápita en el continente negro es un 30% inferior a la de 1980 y casi la mitad de sus habitantes están sumidos en la pobreza absoluta. La esperanza de vida ha descendido de 50 a 47 años y enfermedades como el sida, el paludismo, la del sueño o la de Chagas diezman la población. De cínicos sería pensar que la responsabilidad de estos hechos no tiene nada que ver con los propios mandatarios africanos, pero tampoco hay que olvidarse de la influencia de la doctrina neoliberal. A África tan sólo llega el 1% de la inversión mundial y no precisamente para intentar potenciar la industria autóctona y colaborar en su desarrollo, sino para saquear todas las riquezas en materias primas de las que dispone; por encima de todas ellas, el «mineral de la sangre»: el diamante. Esta piedra preciosa ha financiado la continua guerra civil bajo la que se encuentra el continente en las últimas décadas y, como consecuencia, millones de personas han muerto o han quedado mutiladas. De los 8.500 millones de dólares que mueve el comercio de diamantes, un 4% (340 millones) corresponde a una compraventa ilícita. Así, en países como Sierra Leona, Angola, la República Democrática del Congo o Liberia, la exportación de diamantes a las potencias occidentales ha provocado conflictos brutales. En la antigua colonia portuguesa -considerada por Unicef el peor país para que un niño crezca- han muerto 800.000 personas por este motivo en los últimos 27 años; más escalofriante es la cifra en Congo, estado en el que, en menos de cuatro años, han perdido la vida más de dos millones de sus habitantes. El «DNI» de la piedra El verdadero problema del diamante es la escasa información del documento que lo acompaña cuando es exportado. De este modo, la única información etimológica de una piedra es la de su lugar de procedencia (normalmente Bélgica y Suiza) y no la de su lugar de origen, con lo que la probabilidad para identificarlo es de un 0,05%. Ante estos datos, el pasado 1 de enero comenzó el Proceso Kimberley, un esperanzador sistema internacional de certificación de diamantes creado para prohibir el comercio de las piedras preciosas relacionadas con los conflictos bélicos. Con este método, los países importadores se comprometen a adquirir en el mercado internacional sólo diamantes certificados. A pesar de este avance, las ONG se sienten en parte decepcionadas, ya que no existe ningún mecanismo de vigilancia periódica y efectiva para evaluar a lo largo del tiempo todos los sistemas nacionales de control de diamantes. Incluso, se ha llegado a escuchar en las reuniones del proceso que la confusión existente alrededor de las gemas aumenta su demanda, de ahí la falta de interés por parte de algunos de mantener unos horizontes claros y resolver de una vez por todas la ínfima realidad africana.