Amargo «guinness» de Blair

Natalia Junquera REDACCIÓN

INTERNACIONAL

Análisis | Récord de un Gobierno laborista El primer ministro británico se convierte en el laborista con el mandato más largo de la historia, pero prescinde de celebraciones en medio de la polémica sobre el caso Kelly

02 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?robablemente, el primer ministro británico no imaginó nunca que triunfos tan dulces pudieran llegar en trances tan amargos. Tony Blair se convirtió ayer en el jefe de Gobierno laborista con el mandato más largo de la historia tras superar la marca de Clement Attlee, quien fue jefe del Ejecutivo entre 1945 y 1951, esto es exactamente, seis años y 92 días en el poder. Y no lo puede celebrar. Consciente de que la polémica sobre la guerra en Irak y la muerte del científico David Kelly aguarían la fiesta, el actual inquilino de Dowing Street ha decidido prescindir de celebraciones. Pese al inicio de las vacaciones ayer en la lujosa mansión que su amigo el cantante Cliff Richards tiene en las Barbados, esta no ha sido una buena semana para el líder laborista. El jueves, lord Hutton, encargado de la investigación sobre el suicidio de David Kelly, asesor del ministerio de Defensa, anunció que Blair sería llamado a declarar. El magistrado intenta aclarar las circunstancias de la muerte de la principal fuente citada por la BBC para afirmar que el informe sobre el arsenal iraquí había sido «inflado» por el Gobierno británico para justificar la guerra. Y por si eso fuera poco, ayer el diario inglés The Daily Telegraph publicaba que el ministerio de Defensa británico había intentado destruir documentos en los que se exponía su estrategia mediática respecto al experto en armas biológicas David Kelly, tres días después de la muerte del científico. La prensa local le ha puesto contra las cuerdas. Otro diario, éste de tendencia conservadora, el Daily Mail, le acusó de «quebrar la confianza, convertir la esperanza en cinismo y cambiar el optimismo por resignación» en los británicos. Tras las vacaciones, Blair se enfrentará a la ardua tarea de volver a ganarse la confianza de los británicos quienes reprueban, y así lo han dejado ver en las encuestas, «la cultura del engaño» de su Gobierno.