La frase que pronunció ante los periodistas José Burró, ministro de Justicia y Trabajo de Paraguay, sobre los argentinos le costó ayer su puesto. La infeliz declaración fue la siguiente: «Nosotros sí tenemos que hablar de nosotros y tenemos que admitir nuestros errores, pero no le voy a permitir a ningún curepí ( vocablo guaraní que significa «piel de cerdo» y es apodo despectivo con el que se denomina a los argentinos) y a ningún bandeirante (por los brasileños) que me venga a enseñar moral, manga de sinvergüenzas». Apenas sus palabras tomaron estado público, se produjo el escándalo diplomático. El canciller argentino, Rafael Bielsa, convocó de urgencia al embajador de Paraguay en Argentina, Alberto Nogués, para que brinde explicaciones sobre las declaraciones del ministro Burró, a la vez que ordenó el retiro del embajador argentino en Asunción, Félix Córdova, por orden del presidente, Néstor Kirchner. Como descargo, el ministro paraguayo aclaró ayer por la mañana que hizo estas afirmaciones en referencia a que «desgraciadamente la corrupción y la impunidad son instrumentos de uso diario en esos países y lo que dije, lo dije, pero no refiriéndome a todos los argentinos». Finalmente, el presidente de Paraguay, Luis González Macchi, destituyó ayer al ministro de Justicia y Trabajo por el agravio a los pueblos argentino y brasileño. «Con esta medida creo que vamos a solucionar este lío», dijo.