Tras interceptar una conversación, un B-1 atacó un edificio donde se cree que estaba el dictador y sus hijos En el bombardeo perecieron 14 civiles, entre ellos nueve miembros de una familia.
08 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.No es la primera vez que lo dicen y por eso los militares estadounidenses mantienen la cautela. Pero en esta ocasión sí que lo piensan: Sadam Huseín, sus hijos Uday y Qusay han sido alcanzados por las bombas y a estas horas deberían estar muertos. Al igual que el pasado 19 de marzo, llegaron al Pentágono informes confidenciales que situaban al dictador y a su plana mayor en un punto concreto de Bagdad. Y, como entonces, la mano de los aviadores no tembló. Un bombardero B-1 sobrevoló la noche del lunes el barrio residencial de Al Mansur y soltó su carga mortal sobre la casa indicada.Fueron dos GBU-31 de una tonelada y dos bombas antibúnker, con una cabeza de uranio empobrecido capaz de penetrar treinta metros en el hormigón antes de explotar. El lugar quedó reducido a cenizas.Veinte minutos antes, el bombardeo estaba en el oeste de Irak repostando en el aire, cuando recibió las coordenadas del objetivo. «Sabíamos que era importante -declaró después el teniente coronel Fred Swan, oficial de armamento del B-1-, quizá el objetivo número uno ». Desde una altura de 20.000 pies (unos 6.000 metros), los artilleros dejaron caer la prueba de su presencia sobre Al Mansur y se alejaron sin mirar atrás.Según la cadena de televisión ABC, el ataque se lanzó doce minutos después de que los servicios de inteligencia estadounidenses -probablemente la Agencia Nacional de Seguridad (NSA)- interceptaran lo que creyeron que podría ser una conversación entre Sadam y sus consejeros, en la que hablaban sobre la manera de huir de Bagdad.En la conversación se oriría «al mismo Sadam Huseín hablar con sus consejeros de cómo y cuándo abandonar Bagdad», según el corresponsal de la ABC que acompaña a la Tercera Divisón de Infantería. Daños colaterales Antes de hacerse públicos estos extremos, se conocieron los daños colaterales: los restos de al menos catorce personas, entre ellos nueve miembros de la misma familia -incluidos dos niños- yacían ese lunes en un humeante cráter de 18 metros de profundidad rodeado de ruinas. Las ruinas de al menos tres casas. Otras veinte resultaron seriamente dañadas, mientras puertas y ventanas salían despedidas en un radio de 300 metros. Los servicios de rescate utilizaron excavadoras para retirar los escombros, y sólo han conseguido recuperar los cadáveres de un niño, un anciano y una mujer joven. A juzgar por el estado de las viviendas, quizá sólo las pruebas de ADN puedan confirmar la muerte de Sadam Huseín. Ayer, la prensa norteamericana era reticente a mencionar juntos todos los detalles, hasta el punto de que daba la impresión de que se trataba de dos ataques aéreos diferentes. Eran el mismo, aunque muchos se empeñaran en atribuir al martes de madrugada un bombardeo que se había producido el lunes por la tarde.Hacia días que se especulaba con la posibilidad de que el presidente de Irak estuviera eludiendo los búnkers -cuya localización es bien conocida por los aliados- para ocultarse en casas particulares. Túneles blindados Washington insiste en que el régimen no tiene reparo en mezclar a los civiles con los objetivos militares, y no hay que pararse a pensar mucho para deducir que Estados Unidos asume que al destruir los segundos se llevará por delante a muchos de los primeros. Sospecha también el Pentágono que en algunas zonas de la ciudad, en particular en el barrio de Al Mansur, hay túneles subterráneos blindados que comunican con las viviendas, y ello explica la utilización de las bombas antibúnker. Según los servicios de inteligencia, Sadam y sus dos hijos entraron en una de las casas alcanzadas, al parecer en un restaurante, donde se encontraban también una treintena de miembros del espionaje iraquí, y no se les vio salir antes del ataque. Un soplo similar llevó a Bush a adelantar la orden de ataque a Irak dos días antes de lo previsto. Los vídeos posteriores confirmaron que el intento había sido infructuoso.